5 motivos para cerrar tu negocio

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El objetivo de todo emprendedor es tener un negocio exitoso; crear empresas, hacerlas crecer y gestionarlo de forma eficiente. Si en embargo, las empresas son como seres vivos, nacen, crecen, se reproducen, y (antes o después) mueren.

Así que es necesario tener siempre en mente el tema del cierre de empresas. Pero, ¿cuándo debemos cerrar un negocio?

La primera respuesta que se nos viene en mente es “cuando va mal”. Pero hay muchas formas de ir mal. Una empresa puede tener pérdidas y sin embargo estar en la senda de obtener beneficios en el futuro.

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Por otra parte, a veces es más recomendable cerrar la empresa cuando “va bien” si somos capaces de prever que en el futuro cera devastador. Cerrar antes de que sea demasiado tarde puede hacer que la experiencia sea menos traumática y a evitar deudas y dramas personales.

5 razones para cerrar un negocio

  1. Pérdidas continuadas : Según el tamaño y la capitalización de la empresa, una situación de pérdidas se puede sostener más o menos tiempo, pero hay que tener en cuenta cuáles son las perspectivas de futuro para revertir esa situación. En una pequeña empresa o en el caso de los autónomos, 3 meses de pérdidas sin perspectivas de cambio en el horizonte pueden ser suficientes para echar el cierre.
  2. Falta de liquidez : No debe confundirse con el punto anterior. Una empresa puede tener pérdidas y tener liquidez (vía financiación) y otra puede no tenerlas (sobre el papel) y no tener liquidez: morosidad de los clientes, una capitalización o financiación insuficiente y, en general, desajustes en el flujo de generación de ingresos y el flujo de pago generarán tensiones de tesorería que puede llevar a la empresa al cierre.
  3. Cambios en el mercado : El mercado está en constante evolución: aparecen rivales nuevos, cambia la tecnología, cambian las preferencias de los cliente o la situación socioeconómica general nos afecta. Si vemos que las tendencias del mercado cambian debemos ser capaces de valorar, de forma realista, si vamos a ser capaces de adaptarnos a los cambios. Si decidimos que sí, debemos ponernos manos a la obra lo más rápidamente posible.
  4. Desacuerdos entre socios : Muchas veces no se tiene en cuenta a las personas en el análisis de la situación de una empresa. Sin embargo, resultan fundamentales las características de los socios -y muy especialmente la calidad de sus relaciones- para el éxito o fracaso de la misma. Es lógico que haya disparidad de opiniones e incluso discusiones más o menos acaloradas, pero cuando la visión sobre el negocio, o sobre el papel que juega cada uno de los socios en el proyecto son absolutamente divergentes, es mejor plantearse si conviene seguir con la empresa, al menos conjuntamente.
  5. Cuando tu empresa ya no te hace feliz : El motor del emprendedor es la ilusión, el optimismo y el entusiasmo. Cuando estos se agotan, cuando el trabajo se convierte en obligación, cuando las dificultades se tornan en sufrimiento. En definitiva, cuando el proyecto no aumenta tu felicidad sino que la disminuye -cuando tu balance de felicidad es negativo- es mejor cerrar y dedicarse a otra cosa.

Muchos emprendedores muchas veces se resisten a cerrar porque no son capaces de afrontar el fracaso, o no saben responder a la pregunta “¿y ahora qué haré?”. Sin embargo, si han sido valientes para emprender, deben serlo para afrontar el fin de su proyecto.

Y recordar que del fracaso se aprende, que toda crisis encierra una oportunidad y que siempre están a tiempo de reinventarse, emprender nuevos proyectos y ser felices de otra manera.

Vía: idnews

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