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Knit Together es el nombre de uno de los sitios en la red que aglutina a más de un millar de personas que se dan cita en Nueva York para tejer, una afición que muchos llaman el nuevo yoga por sus efectos relajantes. Atraídos por esta explosión, María José Marín y Alberto Bravo se animaron a fomentar este hobby entre el público español: hace un par de años dejaron su trabajo de auditores financieros para crear We are knitters, firma que comercializa kits para que cada uno teja sus propias prendas.

A través de la web puedes escoger un diseño, la lana –importada de Uruguay–, el color y las agujas para llevarlo a cabo. Todo ello lo meten en un paquete que, en el plazo de dos o tres días, tendrás en tu casa. Acaban de lanzar una 

colección para los niños. “Nuestros clientes nos demandaban este tipo de productos.

No es ningún secreto que este tipo de prendas son muy atractivas y ponibles en el público infantil”, señala Bravo.

Rentabilidad

Estos jóvenes invirtieron 15.000 euros en la puesta en marcha de We are Knitters y ya han repartido más de 10.000 kits. El pasado septiembre abrieron delegación en Londres para abastecer al mercado británico, pero sus clientes dan la vuelta al globo. En su primer ejercicio han logrado una facturación de 200.000 euros, y sólo durante el pasado diciembre han vendido 500 kits. Bravo señala que están manteniendo conversaciones con inversores para ampliar su negocio.

Estos empresarios fomentan la fidelización para paliar los efectos de la estacionalidad

Quienes de momento no se plantean la entrada de nuevos socios son Valeria Torno y Eva Plazas, artífices de Kiddys Box, cajas de experiencias para niños de 3 a 14 años. Estas jóvenes proceden del ámbito publicitario y de organización de eventos y, “aunque en una primera fase compaginábamos nuestro trabajo con la empresa, luego tuvimos que dedicarnos al cien por cien a nuestro negocio”, explica Torno.

Su intención era recrear el Museo de los Niños de Argentina en España. Tras analizar su viabilidad decidieron invertir 150.000 euros y cubrir la demanda de ocio infantil en las grandes urbes. “Queremos captar la atención de los adultos, despertar su curiosidad por juegos educativos que les permitan interactuar con sus hijos”, señala Torno.

Conseguir que el producto llegue al domicilio en tiempo y forma es clave para la supervivencia

El lanzamiento oficial de la firma, que además ofrece talleres y próximamente lanzará actividades al aire libre, se produjo el pasado 3 de diciembre. Las estimaciones de facturación para el primer ejercicio son de 450.000 euros. Las socias explican que una de las ventajas de su negocio es que simplifica el proceso de compra: “El cliente puede escoger el juego, ajustar su presupuesto y adquirir a última hora online”.

Kiddys Box también se puede adquirir en algunos establecimientos especializados, hasta que estas emprendedoras abran tienda propia en Barcelona o Madrid, uno de sus objetivos.

La trayectoria de Juan Macías y Cristina Gómez fue la inversa: abrieron un establecimiento tradicional y, en un par de años, se lanzaron al e-commerce a través de DeMartina.com. Destinaron 50.000 euros a su puesta en marcha, cantidad que se fue en la compra de inmuebles, infraestructuras y aprovisionamiento de mercancías, entre otros. “Siempre aposté por el comercio electrónico y es un hecho que ha sido la vía de consolidación de muchos negocios. El sector del juguete ofrece esa capacidad de adaptación a este medio”, dice Macías, quien apunta que la atención al cliente y el asesoramiento es el eje en el que se posiciona su empresa.

 

Fuente: expansion.com

 

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