Un Siglo de Sazón Incontrastable

Por: John Santivañez | @tayiel

Margarita Rodríguez, enfermera de profesión y ejecutiva del otrora Banco Agrario por muchos años,  regresó a Huancayo  tan sólo a despedirse y buscarse un destino fuera de Perú; pero las argucias del destino le depararon el matrimonio con Benjamín Garay Ríos y hoy ella se ha convertido en el  roble donde reposa el prestigio y el nombre del Restaurante Olímpico. Aquí la historia de este icónico emprendimiento.

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En tiempos donde el honor y la palabra tenían valor, por los años 1913 un restaurante vio la luz. El Restaurante Olímpico – cuyo nombre ha quedado en el misterio – se fundó en aquel año bajo sazones italianas. Veinte años después que los inmigrantes italianos prosperaran en la ciudad, traspasan el negocio a la familia Hirano de origen japonés en 1933. En ese entonces, acaece la segunda guerra mundial y por políticas de estado en 1941 los japoneses venden el restaurante a don Juan Fortunato Garay Salas, cuya firma y la de su esposa Rosa Ríos Chávez de Garay, se degustan hasta el presente.

Habíamos escrito que para 1933, el Restaurante Olímpico prosperaba en manos de la familia Hirano, por ese entonces Juan Garay Salas (Huancavelica 1901 – Huancayo 1991) se esmeraba como taxista en la ciudad de Lima. “Tal era su disciplina y su carácter metódico de hacer las cosas” – nos cuenta Margarita – que pudo asirse de un capital y volver a su ciudad natal para emprender su primera empresa llamada Transportes Trasandina, que formó con la adquisición de una pequeña flota de autos Buick de aquella época y que le dieron muchas satisfacciones. No obstante,  la vida suele darnos periódicamente dosis de realidad y por inefables contrariedades la empresa tuvo que cerrar.

“Vive con altura y a la vez, con morigeración y realidad”

                                                      – Juan Fortunato Garay Salas

Margarita Rodríguez, recuerda una de las principales lecciones de vida que le dio su suegro fue el de vivir con altura y a la vez con morigeración y realidad. Y quizás estas convicciones fueron las que le dieron a Juan Garay argumentos para reponerse y enrumbarse a un nuevo horizonte. Así pues, dejó el rubro del transporte y para agosto 1941 adquiere el Restaurante Olímpico a sus antecesores y pujó desde aquella fecha para hacerlo afamado como lo es ahora. Es menester detallar que para junio de 1967, el restaurante – que ocupaba parte de la Plaza Constitución – fue trasladado unos metros hasta su actual ubicación.

Ya lo he dicho antes, estimado lector, es como si la historia se hiciera sola. Don Juan Garay Salas siendo un buen empresario no era chef, pero convergieron en ésta empresa un recurso humano muy talentoso y comprometido, empezando por su esposa doña Rosa Ríos, que fue la primera cocinera que tuvo el restaurante y que le dio los “toques” huancaínos a sus platos, luego se sumaron los chefs Edmundo Paucar y Daniel Jaucha; entre otros, quienes, desde el inicio, secundaron en todo momento el éxito que representa esta familia.

El Restaurante Olímpico  fue la madre de diversas empresas más, como el antiguo Grifo Olímpico, los cimientos concluidos del actual Hotel Olímpico; entre otros. Así pues, “don Juan Garay Salas supo provisionar”, nos relata Margarita, e invertir los recursos como caracteriza el temperamento de los versátiles empresarios. Construyendo un legado entre distintas propiedades y emprendimientos que fueron heredados a cada uno de sus hijos.

No obstante, la historia muestra una segunda dosis de “realidad”, como diría Juan Garay, fue la época donde su salud decayó, la gestión se tornó inestable, el terrorismo azotó y la recesión agudizó. Los años que cursan desde 1983 al 1991, fueron años áridos para Olímpico, lidiando con pasivos casi impagables: salarios, pagos de proveedores, costos fijos, prediales, etc. Tuvieron que vender muchos activos e incluso joyas personales para salir del hoyo. Todo parecía una estratagema para el fracaso.

Es en éste momento el segundo de los hijos de la familia Garay, el Sr. Benjamín Garay junto a su esposa Margarita – dos personas de mucha fe – toman la posta y se enrumban en la colosal tarea de reflotar el restaurante, incluso viviendo de pagarés en pagarés durante una década más. Desde volver a ganarse la confianza de los bancos, reconquistar a sus clientes y con ello la ciudad, es la muestra de una vida de esfuerzo constante y lo que significó la tarea de Benjamín y Margarita, hasta el día de hoy.

Hablando de reconquistar a sus clientes, el Restaurante Olímpico valora la reinvención; es así que el año 2010 – por espacio de seis meses de ejecución – se remodela en su totalidad mostrando nuevos arquetipos culinarios de modernidad.

Esta es la historia del Olímpico. Con la muerte de ambos líderes Juan Garay Salas en 1991 y de Benjamín Garay Ríos en el 2011, se sellan dos generaciones de emprendimiento que nos enseñan por demás los valores incontrastables de esta ciudad. Por otro lado, si bien es cierto que Restaurante Olímpico conmemora 75 años de fundación, el hecho es que lo cuentan desde la adopción por la familia Garay desde 1941, empero lo cierto es que ya tiene 103 años de existencia y hoy es el aderezo esencial de Huancayo, toda una institución culinaria, un restaurante de tres tenedores guisado a fuego lento.

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“Restaurant Olímpico, como toda gran empresa, tiene un nombre y ese nombre es su mayor capital”

                                                                                                             –   Margarita Rodríguez Vargas Machuca

 

 

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