¿Cuál es el crédito ideal para ti? (Parte 1)

A pesar de la problemática mundial y de la inestabilidad de los mercados, la banca en nuestro país es sólida y los niveles de capitalización de todo el sistema financiero incluso son más altos de lo requerido.

 También es un hecho que las instituciones financieras seguirán prestando al segmento Pyme (pequeñas y medianas empresas), debido a que el nivel de cartera vencida es mínimo. Esto, al final, resulta un negocio rentable para quienes ofrecen financiamiento.

Existen opciones para todos. Dependiendo del apetito de riesgo de la institución financiera, esto fijará la tasa. Si la estructura financiera de la compañía solicitante se ve espectacular, va a haber más postores que le quieran prestar y esto va a redituar en menores tasas. Pero si no se ve tan bien, se reduce el número de jugadores. Aún así hay alternativas para fondear a estos negocios, como las Sofomes y arrendadoras (que son más agresivas y prestan a tasas más altas).

Antes de saber qué tipo de crédito te conviene, hay que definir este término: es el dinero en efectivo que recibimos para hacer frente a una necesidad financiera y que nos comprometemos a pagar a un plazo determinado, a un precio determinado (interés), con o sin pagos parciales y ofreciendo de nuestra parte garantías de satisfacción a la entidad financiera (para asegurar el cobro del mismo).

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Todos los créditos que hay en el mercado se pueden englobar en alguna de estas dos categorías:

1. Crédito en cuenta corriente. Se define como financiamiento para capital de trabajo o necesidades transitorias de tesorería mediante el cual la empresa solicitante puede disponer de forma revolvente del saldo establecido en su contrato de crédito. Normalmente es a un año y sirve para financiar tu ciclo operativo: cuentas por cobrar o clientes más tus inventarios, menos lo que obtienes de financiamiento de tus proveedores.

La idea es que lo tomes, lo pagues y lo vuelvas a tomar; es decir, existe revolvencia. Estos créditos son líneas –que también se pueden documentar por medio de un contrato– y su destino es totalmente libre. Cada mes pagas intereses y en algún momento durante la vigencia de tu línea tienes que cubrir el total del capital –ya sea que esté pactado que a los seis, nueve o 12 meses–. Así, al final puedes volver a ocuparlo.

El crédito para capital de trabajo es la modalidad más popular dentro de los créditos en cuenta corriente. Éste sirve para cubrir necesidades de corto plazo (menos de un año). Por ejemplo: comprar inventarios o materias primas, pagar sueldos y salarios, cubrir gastos de operación de la empresa y financiar a tus clientes.

Es importante señalar que lo peligroso es que dado que el destino es libre, se da mucho el caso que la gente utiliza esta opción para necesidades que no son de corto plazo, como la adquisición de una máquina o instalaciones. Grave error, porque como se trata precisamente de líneas de corto plazo, de repente se vienen los vencimientos de capital y no tienes los recursos para hacerle frente al cumplimiento de tus obligaciones.

2. Créditos simples. Financiamientos a mediano y largo plazo que son documentados mediante contratos y que son para personas físicas o morales con el objetivo de apoyar su actividad económica. Este tipo de créditos tienen un fin específico, esto significa que ya se tiene claro lo que se va a financiar. En este caso, son contratos y no líneas como los créditos en cuenta corriente.

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Fuente: soyentrepreneur

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