Cómo una lección de dinero de hace 260 años es tan relevante el día de hoy

¿Cómo una publicación anual de 1758 escrito por Benjamin Franklin, puede aportar varias lecciones financieras que todo hombre debe aplicarlo hoy para sus negocios?

 

Hace casi 260 años, Benjamin Franklin ensambló un puñado de proverbios sobre la riqueza y el éxito en su publicación anual “El Almanaque del Pobre Richard”, que escribió y publicó durante 25 años bajo el seudónimo de Richard Saunders.

Hasta que en 1758, el Padre Fundador recopila en un breve texto algunos pasajes y proverbios de su célebre almanaque al que da el título de “El Camino a la Riqueza” que es un genuino manual de prudencia y de supervivencia espiritual y material, donde el lector de la época encontró sencillos y saludables consejos para salir adelante en la vida; en particular, si ese lector —inmigrante, expatriado, perseguido—decidió fijar su residencia en el Nuevo Mundo.

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Hoy, un par de siglos más tarde, muchas de las ideas de Franklin sobre la creación de riqueza aún son verdaderas, y una es particularmente relevante. El Almanaque del Pobre Richard vendía 10 mil ejemplares al año por subscripción; dada la población de las Colonias, lo que es equivalente a vender tres millones de ejemplares hoy día.

Lo cierto es que los conejos de Franklin sobre la vida cotidiana, el esfuerzo valioso, la naturaleza humana, los hábitos fiscales, la vestimenta, la vanidad y la prudencia siguen siendo hilarantes, verídicos y, en su mayor parte, casi imposibles de seguir.

Si fueras rico, piensa en ahorrar tanto como en conseguir”,“Un hombre puede, si no sabe cómo ahorrar mientras consigue, trabajar duro toda su vida, y morir sin valer un grano al final”, fueron algunas e sus frases célebres.

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Más dinero no equivale a mayor bienestar

Los consejos puestos por Benjamin Franklin a través del “Almanaque del Pobre Richard” (1732-1757) son sorprendentemente adecuados para la actualidad, cuando, una vez hechas las cuentas, se ha comprobado que muchas familias, empresas y gobiernos (locales, regionales, estatales) de Norteamérica y Europa han vivido por encima de sus posibilidades de gasto.

Es posible mantener -algunos dicen incrementar- nuestra calidad de vida con menos dinero, aplicando lecciones de frugalidad y control del gasto que aparecen en un almanaque del siglo XVIII, publicado por un entonces desconocido “americano”, el decimoquinto hijo de una familia puritana de Milk Street, un tal Benjamin Franklin.

Seguro, hacer dinero es importante – después de todo, las personas ricas se enfocan en ganar y tienden a tener al menos tres corrientes de ingresos – pero la riqueza también se define por la cantidad de los ingresos que se conserva e invierte.

Al final del día, un salario con un montón de ceros pegados al final no necesariamente nos hacen rico. El salario es sólo un número y si el dinero detrás de ese número no se maneja adecuadamente, puede desintegrarse en un abrir y cerrar de ojos.

Como Ramit Sethi explica en su bestseller, “Te enseñaré a ser rico“, en promedio, los millonarios invierten el 20% de sus ingresos familiares cada año. Su riqueza no se mide por la cantidad que ganan cada año, sino por cómo han ahorrado e invertido con el tiempo.

La buena noticia es que cualquiera puede empezar a ahorrar. No es necesario ser rico para invertir y aprovechar el poder del interés compuesto; solo hay que ser inteligente en ello y comenzar cuanto antes, porque cuanto antes se comience a invertir, antes se llegará a tener riqueza.

Vía: blog.reibox.com

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