Los principales pecados financieros

A continuación te mostraremos los diez pecados financieros en que suelen caer:

La lujuria: En el ámbito financiero, la lujuria puede traducirse como un consumo desenfrenado, lo que comúnmente se conoce como “comprar por puro placer”. El antídoto contra la lujuria es una mezcla de planificación y control financiero que limite esos gastos hasta cierto punto compulsivos o que, por lo menos, nos permita ser conscientes de ellos y de su influencia en nuestras cuentas.

La gula: Éste es el pecado de los consumidores compulsivos, a diferencia de que, en este caso, siempre se trata de un consumo que supera lo estrictamente necesario y las posibilidades económicas reales. Una vez más, el control y la planificación son las mejores armas para combatir este vicio y elaborar un presupuesto la mejor estrategia.

La avaricia: La avaricia vuelve a hacer referencia a los excesos, aunque en este caso sólo los que tienen que ver con la adquisición de riquezas. Hay que tener cuidado con ambicionar más de lo que cada uno puede afrontar. En este punto ya no sirven la planificación y el control, sino fijarse metas realistas de acuerdo con las necesidades y recursos que poseemos. 

La pereza: Es uno de los mayores enemigos de las finanzas personales pues se opone a una máxima para el buen control de tus finazas. Se debe dedicarle tiempo para formación y añadir el esfuerzo de investigación para saber en qué se gasta el dinero o en dónde invertir.

La ira: Suele aparecer cuando los planes no se desarrollan según habíamos previsto o, más habitualmente, cuando no hemos sido capaces de controlar ciertos impulsos consumistas. Su mayor peligro puede ocurrir en el ámbito de la inversión bursátil, donde las decisiones precipitadas tienen grandes y espontáneas repercusiones.

La envidia: Es uno de los pecados más peligrosos para nuestras finanzas personales, que reciben ese nombre porque deben ajustarse a la economía de cada persona, no a la de sus ‘vecinos’.  Un presupuesto rígido y bien ordenado puede ser la solución.

La soberbia: Las posibles consecuencias de ser demasiado orgulloso en el ámbito financiero e inversor pueden ser nefastas. En este caso, la mejor fórmula para combatir la soberbia son la información y la planificación, así como contar con un fondo de previsión por si cometes este pecado.

La ignorancia: La ignorancia no sólo tiene que ver con educarse acerca del manejo de las finanzas personales, también se puede extender al desconocimiento de nuestros hábitos de consumo y de la manera en la que gastamos nuestro dinero.

La inconsistencia: Muchos son los que empiezan el año realizando un control activo de su dinero y lo dejan en apenas dos meses, cansados del esfuerzo que supone. Es un pecado muy común.

El ansia: El ansia se traduce en buscar conseguir resultados rápidos y de forma inmediata, algo que no siempre es posible. Esto puede llevarnos a estar enfadados y a tomar decisiones desacertadas, como abandonar la gestión que venías haciendo.

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