¿Sigues un plan de vida propio o el que te indican tus padres?

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Inconscientemente sigues un plan ya diseñado. Nadie te pidió tu opinión. Si no lo haces tal como el plan lo indica, eres considerado como un fracasado. ¿Y no importan tus sueños? Todo indica que no. La educación actual no está convirtiendo en unos seres superficiales, con el único afán de conseguir más autos, más casas y más artículos para nuestro hogar. Los sueños y las aspiraciones son cosas de segundo plano.

Cuando nos referimos al plan que ya tienen construido para nosotros, hacemos alusión a cada uno de estos pasos que tomamos en la vida:

  • Ingresamos a una carrera de “alta demanda” en la universidad (olvidamos nuestra vocación profesional).
  • Encontramos un trabajo con un salario atractivo (en una empresa con la que no nos sentimos identificados).
  • Conseguimos el suficiente dinero como para alquilar un departamento, y todas las artefactos y muebles requeridos (para quedar bien con la familia y los amigos).
  • Tenemos un dinero extra para comenzar a pagar un crédito vehicular. Por supuesto, que buscaremos el auto o camioneta más llamativa (que resulta ser una de las más caras, por cierto).
  • Conocemos a esa persona especial (si es del trabajo o de tu profesión mucho mejor, piensan tus familiares), y al poco tiempo nos casamos.
  • Familia nueva requiere casa nueva. Buscamos un departamento o una casa nueva que cumpla con todos nuestros requerimientos. Lo encontramos y solicitamos un crédito hipotecario.
  • Es hora de amoblar el departamento o la casa. Pero, el dinero no es suficiente. Recordemos que ya estamos pagando el crédito vehicular y el hipotecario. Hora de contraer nuevas deudas para comprar muebles y artefactos (menos mal que nos lograron ascender en el trabajo luego de varios años de laborar en él).
  • Llegan los hijos, y todo es felicidad y gastos. Ya hay que ir ahorrando para su colegio y la universidad. Una vez aquí, hemos logrado cumplir con el plan soñado por nuestros padres.

¿Funciona el plan? Ahora lo averiguaremos.

EL FALSO ÉXITO DEL PLAN

Si te das cuenta, al seguir el plan soñado por tus padres has ido adquiriendo más deudas que ingresos. Algo está fallando. No debería ser así. En realidad, no has logrado el éxito, vives una vida exitista, que es diferente. Ante tu familia, amigos o compañeros de trabajo aparentas ser un hombre o mujer de éxito. Pero, tú sabes que no es así. Vives bajo la apariencia, en realidad vives bajo la eterna incertidumbre de no saber si tendrás a tu disposición la casa o el auto para mañana.

El plan no es tan bueno como tus padres o el colegio te habían enseñado. Has lanzado tus sueños por la borda para seguir el sueño de otro (o de otros). Te encuentras en un punto muerto del que no sabes cómo salir. Vivir en un apartamento alquilado o tener que vender el auto te resulta inconcebible. Tu familia ya se acostumbró a esos lujos, piensas que sería injusto y cruel quitarles esos beneficios ahora.

LA ÚNICA SOLUCIÓN: NO SIGAS EL PLAN

¿Por qué seguir el plan que otros han diseñado para nosotros? Hay que crear nuestro propio plan. Ese plan fue diseñado por personas (incluyo a nuestros familiares) que sabían poco o nada sobre educación financiera. Tal vez ese plan funcionaba a la perfección hace 30 años, hoy no es así. Por qué? Porque las deudas y los impuestos han crecido a un ritmo mayor a lo que ha aumentado el salario. Si te percatas, gran parte del sueldo que obtenemos como empleados se va para el Estado. ¿Puentes, caminos, postas médicas? Eso no es suficiente justificación como para descontarnos una importante tajada de nuestro salario.

Instrúyete. Ese plan no es el único camino. Averigua que otros caminos existen para no vivir ajustado toda la vida. No creas que esas 4 ó 5 carreras de moda son la única vía de escape a la pobreza. Tampoco creas que la seguridad de un empleo es lo máximo en tu vida profesional. El mundo es una compleja red de senderos que conducen al éxito. Seguir el plan diseñado para todos no convierte a la mayoría de gente en exitosa.

Vía: “El cuadrante del flujo del dinero” por Robert Kiyosaki

Foto: larepublica.pe

 

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