La educación de un empresario vs. la de un empleado

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Es común que en el colegio, los profesores se animen a preguntar a sus alumnos sobre qué desean ser cuando sean grandes. Unos dirán “médicos”, otros “abogados”, algunos “policías”, y otros tantos “futbolistas”. Pero, nadie, absolutamente nadie dirá “yo quiero ser empresario”. Quizás, ni siquiera sepan lo que significa empresario. ¿Qué pasa con la educación tradicional? ¿Está hecha para fomentar el emprendimiento?

EL PLAN DE ESTUDIOS CONTRA LA EXPERIENCIA

Ya sea que un estudiante esté en el colegio, el instituto o la universidad, tiene que seguir un plan de estudios diseñado por un grupo de personas en los ministerios que poco o nada saben sobre sus aspiraciones. El estudiante se ciñe a este plan, si quiere ser exitoso, le dicen, tienes que aprobar todos esos cursos con notas sobresalientes. Claro está, que existe la otra opción, la de aquellos que por escapar de la presión optan por no asistir a clases y llevar ese curso el próximo semestre.

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La experiencia es la antagonista de los populares planes de estudio. En la experiencia, no puedes saltarte ninguna clase si quieres alcanzar el éxito. Tienes que vencer tus miedos y seguir día a día, fiel a tus sueños. Nadie te dirá qué debes hacer exactamente, tú mismo tienes el poder de decidir. Decidir qué estudiar, en qué rubro laborar, si trabajar para alguien o para ti mismo; tú mismo forjas tu propia experiencia. Eso es algo que ningún plan de estudios te lo permite.

LAS MÚLTIPLES INTERPRETACIONES DEL ÉXITO

En la educación convencional, te dicen qué debes estudiar para obtener éxito. Lo primero que escuchas es que no debes seguir tal carrera porque no te llevará al éxito. Entonces, uno se ve obligado a estudiar la carrera de moda, porque es una de las pocas que ofrece buenos salarios y oportunidad de crecimiento. En conclusión, en la mayoría de los casos, uno elige una carrera, no para cumplir sus sueños, sino para obtener un mejor salario que sus amigos o familiares. Una educación totalmente mercantilista.

El que tiene madera de emprendedor, no estudia por unas monedas más, sino para hacer sus sueños realidad. No cree en el estereotipo de “universitario vale más que técnico”, sólo estudia lo que le place y lo que él sabe de antemano, va a disfrutar y lo puede llevar al éxito. Esto no se logra de forma empírica. Hay cuatro preguntas básicas que debes hacerte si no quieres fracasar en tu educación:

  1. ¿Qué me gusta?
  2. ¿Qué me disgusta?
  3. ¿Cuáles son mis fortalezas y debilidades?
  4. ¿Cómo definiría mi personalidad?
  5. ¿Qué disfruto hacer?

NO HAY HORAS LIBRES

“¿Acabaste tus tareas? Si es así, ya puede ver la TV”, indica feliz una madre a su hijo. La educación actual está basada en eso. La recompensa es lo único que lleva al estudiante como al trabajador de hoy a esforzarse, aunque sea por unas horas. ¿Sabes por qué se pasan horas y horas estudiando más del 90% de colegiales y universitarios? Porque en el momento del examen, los profesores les indican que cierren sus libros y apuntes. Sólo por eso.

La verdadera educación no puede ni debe basarse en la recompensa. La verdadera educación está basada en la siguiente alegoría: la de un examen con el libro abierto. La vida es un continuo aprendizaje. Las pruebas saltan a todo momento. Por ello, para un emprendedor, la educación no puede circunscribirse únicamente a las horas de clase en la universidad. El entretenimiento pasa a ser reevaluado.

La recompensa, en la actualidad, se limita al entretenimiento y la diversión. Los estudiantes salen de la universidad agobiados, los trabajadores igual, lo único que satisface su enojo es la posibilidad de divertirse. El problema es que cada vez las horas de diversión se equiparan o, incluso, superan a las horas que brindamos a la educación. La recompensa supera al estímulo largamente. Un verdadero emprendedor no cae en ello. El entretenimiento merece su espacio, es cierto, pero nunca debe superar al espacio que le damos a la educación.

LA DIFERENCIA ENTRE EMPLEADOS Y EMPRESARIOS

Aquí viene la parte más importante, que hemos dejado en la parte final como especie de conclusión, y que tiene que ver necesariamente con la educación. ¿Qué es lo que diferencia a un empleado de un empresario? Que el empleado no conoce sus debilidades y fortalezas (o por lo menos, no las acepta) y, por tanto, siempre tiene que recibir instrucciones de otros para hacer un buen trabajo. El empresario sí sabe cuáles son sus fortalezas y debilidades, y sabe qué es lo que le conviene, tanto a él como a su empresa. ¿De qué lado estás tú?

Vía: “Las 10 diferencias entre empleados y empleadores” por Keith Smith

Foto: elblogdelmentor.blogspot.com

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Autor entrada: Equipo Pymex LM

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