3 empresas peruanas que surgieron desde cero y lograron el éxito

Las grandes empresas no siempre fueron el resultado de grandes inversiones. Muchas nacieron sin nada presupuesto, pero marcaron la diferencia por su perseverancia e innovación. 

Conoce la historia de Artika, Montalvo Spa y el grupo Torvisco, empresas peruanas que afrontaron grandes necesidades y que ahora son exitosas en sus rubros y dignos de emular.

1. Artika, el sabor del éxito

La familia Mejía, natural de Quilabamba ( Cusco), comoce muy bien el sabor del emprendimiento, quienes en sus inicios preparaban helados como postres en casa, pero luego tuvieron el “olfato” que podía convertirse en una buena oportunidad de ganar dinero. Así que los dueños de helados Artika empezaron a producir helados artesanales que vendían en cantidades pequeñas en las calles y poco a poco se hicieron un espacio en Arequipa, a inicios de la década del 90.

De tal modo que los hermanos Pedro, Yolanda, José y Francisco comandaron ese camino administrando tres tiendas de helados artesanales y con carritos heladeros en toda la Ciudad Blanca hasta que llegaron a Lima en 1997 que coincidió con el Fenómeno de El Niño, por lo que el verano se extendió casi a dos años.

Sin duda, ello fue clave para la empresa para ingresar a la feroz competencia de este mercado y a medirse con los gigantes, pero que por sus precios accesibles, fueron conquistando a los grupos C y D, empezando en La Victoria hasta construir su propia planta en Huachipa.  Con el transcurrir de los años, cada hermano se encargó de una operación, de acuerdo al lugar donde se fueron estableciendo : Lima, Arequipa, Piura y Cusco.

2. Montalvo, la belleza como emprendimiento

Víctor Hugo Montalvo, natural de Ancash, nunca imaginó que se dedicaría al mundo de la belleza, quien llegó a Lima cuando tenía 11 años destino trabajando en una empresa de venta de plásticos junto a sus tíos como ambulante. Pero con esfuerzo y dedicación logró abrir un puesto en el mercado de Magdalena, frente a una peluquería atiborrada de gente. Fue justo allí donde todo cambió.

Así que el joven ancashino se sentía atraído más y más por esa empresa que veía tan exitosa por lo que abrió una modesta peluquería, sin saber nada del negocio. Pero, en menos de un año, fracasó y tuvo que cerrar. No tiró la toalla y al poco tiempo volvió a la carga con otra peluquería. pero el negocio no despegaba y la competencia en plásticos, rubro en el que se mantenía, se hacía más intensa.

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Así es que Montalvo debió enfocarse en este, su negocio principal, viajando a Chile en el 2001 para comprar moldes para plásticos y abrir una pequeña fábrica. Pero en Santiago se topó con una feria de belleza que transformó su vida.  De regreso a Lima reinventó su salón, replicando un nuevo concepto de salones de belleza y de servicio para luego abrir el segundo local en Jesús María.

Hoy son la cadena de salones de belleza más grande del país con 55 sedes (entre franquicias y propias), cinco centros de formación y 1.100 trabajadores. Además, se alistan para dar el salto a Colombia, Panamá y abrir su línea de negocio de Medical Esthetic.

3. Grupo Torvisco, hermanos coraje

Los hermanos Torvisco tampoco no la tuvieron nada fácil, pero a base de esfuerzo y perseverancia actualmente son un grupo empresarial en crecimiento que, además de pinturas Anypsa, ha incursionado en el negocio de las bebidas y hace dos años adquirió a la principal firma de envases del país: Envases Especiales.

Pero hace 30 años eso hubiera sido impensable para Alejandro, Nemecio y Prudencio, quienes por en ese entonces dejaban Abancay para labrar su futuro en la capital. Nemecio, el menor de la familia, con 14 años vendía golosinas y se dedicaba a la carpintería para costear sus estudios, hasta que su hermano Alejandro lo llevó a trabajar a su lado en una fábrica de pinturas.

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Allí, aprendieron cómo funcionaba el negocio y su olfato emprendedor les permitió ver la oportunidad en el rubro. Con la llegada de Prudencio iniciaron el reto de la producción de pinturas cuando apenas bordeaban los 20 años. Ahí nació A, N y P, por las iniciales de sus nombres. Lo que más adelante se convertiría en Anypsa que, en sus inicios, tuvieron su centro de producción en Santa Anita, un espacio alquilado de 100 m2, donde preparaban las pinturas en una ollita y con un motor eléctrico.

Lo cierto es que desde 1994, el crecimiento fue como la espuma y, con un volumen de ventas cada vez más alto y mayor liquidez, Anypsa se muda a su actual planta en Carabayllo de 65 mil m2. Hoy la empresa es la segunda del mercado y su facturación bordea los S/.240 millones .

Vía: El Comercio
Foto: parquelambramani.com

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