Cómo una teoría económica del siglo 18 enseña a los CEO a delegar

El concepto de ventaja comparativa esbozado por un economista del siglo 18 puede ser de utilidad para los ejecutivos.

Una autora estadounidense descubrió un método para volver más eficientes las listas de quehaceres utilizando una teoría económica de David Ricardo, un reconocido economista inglés del siglo 18.

Sin duda que las listas de quehaceres son una de las pocas cosas de las que ninguna persona puede librarse de hacer al menos una vez en la vida: siempre está ahí presente esperando que se cumpla cada uno de los puntos que se ha propuesto al comienzo del día.

Y si se las revisara al final del día, probablemente nos daríamos cuenta que solo resolvimos menos de la mitad de las cosas. Sin embargo, según Tiffany Dufu, la autora del libro Drop the Ball: Achieving More by Doing Less, se puede aplicar la teoría económica de david Ricardo para aprender a delegar funciones.

El reconocido economista inglés publicó en 1817 el libro “Principios de economía política y tributación” en el que esbozaba su teoría de la ventaja comparativa. Este concepto señalaba las ventajas del libre comercio a la hora de volver más eficientes las producciones de cada uno de los países.

Según Ricardo, los países debían concentrarse en producir aquellos bienes en los que presentaban una ventaja comparativa respecto a los demás, o sea, que fabricarlos les representara un costo más bajo.

Cómo aprender a delegar funciones

De esta manera, importarían los bienes cuya producción les demandara un mayor esfuerzo. Por eso que Dufu, decidió aplicar la teoría ricardiana a su rutina luego de conocerla en una sesión de entrenamiento de management.

En aquel training, la gerente de liderazgo de la startup Levo aprendió como los jefes pueden delegar utilizando este concepto para usar de manera más eficiente su tiempo y energía.

“Por ejemplo, como una experimentada recaudadora de fondos para ONGs, quizás sea la mejor de mi equipo a la hora de redactar cartas de recaudación, pero aportó mayor valor agregado en las reuniones pitcheando ante los principales donantes. Nadie más en mi equipo puede hacer esto”, señala.

También las responsabilidades de la vida cotidianapuede pasar por el filtro de la ventaja comparativa a la hora de armar la lista de quehaceres. Según Dufu, lo más importante es preguntarse cuáles son las tareas que nadie más puede realizar; de esta manera las personas podrán delegar aquellos asuntos que no necesariamente requieran de su atención.

Vivimos nuestras vidas por default, como el ringtone del celular que nunca cambia porque sigue funcionado bien”, explicó. Si bien aplicar la teoría ricardiana parece sencillo, la autora aseguró que requiere una profunda introspección.

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¿Quién es David Ricardo?

David Ricardo nació en Londres en el año 1772. Formaba parte de una familia sefardí que provenía de Portugal. Su familia fue numerosa, siendo el tercero de diecisiete hijos. Dejó la escuela y empezó a trabajar con 14 años en una agencia de corretaje. Con 21 años, en el año 1793, se casó sin seguir el ritual judío y abrazó la fe del cuaquerismo, lo cual significó un alejamiento de su familia.

Además de un ilustre economista fue un exitoso hombre de negocios y político. Consiguió amasar una importante fortuna con 41 años. Uno de los cargos más importantes que llegó a ostentar fue el de miembro del Consejo británico. Su vida llegaría a su fin en 1823, cuando falleció en Londres con tan sólo 49 años.

David Ricardo hizo grandes aportaciones a la teoría económica, especialmente a la macroeconomía: analizó la relación entre beneficios y salarios, que significó una de las bases de la ley de rendimientos crecientes. También fue obra suya la teoría cuantitativa del dinero. Corrientes tan dispares como el liberalismo y el marxismo lo han tomado como referencia.

David Ricardo defendió el comercio internacional, por lo que se opuso a las tesis proteccionistas. En consonancia con ello, en su Principios de Economía Política (1817), argumentaba la necesidad de que cada país se especializase en aquellos productos, bienes o servicios, para cuya elaboración y producción resultasen más eficientes. Con ello, enfatizaba el papel de la productividad en el desarrollo de las economías nacionales. Por ello, trabajó en la teoría de la ventaja comparativa.

Por tanto, la ventaja comparativa era uno de los pilares sobre las que se asentaba su modo de entender el comercio internacional. Entonces, centrarse en producir aquello para lo cual se encontraban en una situación de superioridad que el resto de países era, para David Ricardo, la forma más adecuada de dirigir la economía.

Vía: El Cronista de Argentina

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