Comunícate para crecer

orejas

No todos llegamos a trabajar a una empresa con la verborragia de un experimentado vendedor de esquina. Es más común observar que el advenedizo llegue primero a pulsear a la gente con quien va a tratar e ir soltando luego el hilo de sus ideas según convenga.

Comunícate.

La comunicación, algo tan elemental, es una habilidad que se va extinguiendo a lo largo de los años. Quizás por la degradación de nuestro aparato auditivo o peor aún, quizás por la degradación de nuestra voluntad.  Pero ¿cómo saber entonces lo que acontece realmente dentro de tu organización, si los canales de comunicación se han cerrado o, tan sólo, se arrogan a personas de “confianza”?. Ser objetivos es tener la apertura para poder dar audiencia a cualquier colaborador que trae las buenas nuevas, críticas constructivas y profesionales; y evitar sabiamente la saña y las animosidades que nacen – también – de una gestión hermética y suspicaz.

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Pero existe una cultura de no andar por ahí, en el trabajo, hablando de lo que podemos hacer; siendo preferible musitar nuestras opiniones al oído del colega y asentir ante cualquier observación del jefazo. Es mejor procurar engominarle el autoestima para proveernos de su “amistad” antes de mediar aportes y ser sorprendido por la desaprobación o, peor aún, por la indiferencia.

Los intentos de diagnóstico, evaluación y mejora continua serán vanos si dejamos que, en la oscuridad, soterradamente,  nazcan las genialidades y no llamemos al podio a los que idean en pro del crecimiento de nuestra organización. No obstante, está claro que no todas las ideas son buenas; pero al manifestarse, va creciendo el interés de los colaboradores por expresarse, siendo ésta, herramienta fundamental para la retroalimentación.

Si exigimos, dentro del perfil, al candidato con certeras capacidades, no dilapidemos nuestra inversión y, como empresarios, busquemos el crecimiento antes que el adormecimiento del día a día para sobrevivir. Si nuestros colaboradores se mantienen inaudibles a falta de interés, es preciso empezar comunicarnos. Si asfixiamos su interés al ignorar sus ideas, es evidente también, que el éxito nos ignorará.

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