Ejecute correctamente su estrategia empresarial

El valor de una buena estrategia en los negocios, solo se puede medir con base en los resultados que arroje, y estos dependen en buena medida de la eficiencia y eficacia de las tácticas utilizadas para su ejecución.

Desde luego no existen garantías, pero una buena ejecución maximiza las probabilidades de éxito de una estrategia, aún si esta no es, al menos en apariencia, “tan brillante”.

Un hecho histórico. Napoleón Bonaparte, uno de los estrategas más geniales de la historia dijo una vez: “en estrategia no hay victoria” y “ningún plan sobrevive intacto más allá del primer contacto con el oponente”.

Decía esto en referencia a que él daba tanta o más importancia a la ejecución eficaz de las acciones planeadas, como a la misma estrategia; así mismo entendía que todo líder debe ser capaz de reaccionar y hacer los ajustes necesarios a su plan original, pues las cosas nunca salen exactamente como se pensaba. Previo a cada batalla, el emperador pasaba mucho tiempo supervisando los preparativos y visitando personalmente a sus soldados para motivarlos.

A decir verdad, la derrota final que sufrió Napoleón Bonaparte en Waterloo se debió más a una mala ejecución, que a una estrategia deficiente. En opinión de muchos estudiosos del tema, la estrategia francesa para esa batalla era “más brillante” que la de la coalición de naciones a la que se enfrentaba (aún a pesar de tener la desventaja numérica); sin embargo la combinación de diversos sucesos durante la aplicación de dicha estrategia (entre ellos la mala ejecución de uno de los generales franceses que debía retrasar e impedir que los austriacos llegaran a Waterloo a tiempo), terminaron por dar la victoria a Inglaterra y a sus aliados. La estrategia “menos brillante” terminó triunfando porque tuvo una mejor ejecución.

Malas ejecuciones en los negocios. En los negocios no es muy diferente, muchos planes y estrategias terminan en “buenas intenciones” o en “un intento más”. En nuestra experiencia, esto se debe principalmente a dos factores:

1. Los esfuerzos no siguen una metodología clara (a veces ni la estrategia ni el objetivo que persigue ésta son del todo claros)

2. Al personal responsable de ejecutarla no se le ha comunicado adecuadamente lo que debe hacer, por qué es importante que lo haga y qué beneficios traerá; por tanto no se compromete ni se involucra adecuadamente.

Estos dos factores repercuten de manera muy importante en la ejecución, y por tanto, en las probabilidades de éxito de una estrategia o iniciativa. Desafortunadamente es común ver en empresas de todo tipo:

-Nuevos productos o servicios que tardan mucho más de lo planeado en ser desarrollados y lanzados al mercado.

-Campañas de publicidad que desencadenan problemas operativos y no logran capitalizarse en un incremento real de la participación de mercado.

-Esfuerzos para documentar políticas y procedimientos de trabajo, que quedan inconclusos o terminan siendo “letra muerta” dentro de una gruesa carpeta que nadie utiliza.

-Sistemas informáticos que no logran implantarse, o si se implantan, terminan siendo subutilizados.

-Proyectos de certificación (ISO9000 y otros), que fracasan en obtener o en retener dicha certificación.

-Cursos y programas de capacitación que terminan diluyéndose sin reportar un beneficio real por la inversión hecha.

Si vemos, cada una de estas iniciativas tiene un valor estratégico incuestionable para cualquier empresa o negocio, sin embargo el método y las tácticas utilizadas para desplegar la estrategia, así como la ejecución adecuada del plan de trabajo, pueden hacer la diferencia.

¿Qué hace falta para una buena ejecución?

En estricto sentido, el ejecutar una iniciativa debe ser algo relativamente simple, si se sabe exactamente qué pasos se deben seguir, quién debe seguirlos y en qué orden. Es como seguir los pasos de una receta de cocina, antes de empezar hay que contar con todos los ingredientes y utensilios para preparar el platillo que deseamos, y dedicarle el tiempo necesario para la preparación (sin distracciones). Obviamente el grado de complejidad en una iniciativa de negocio es mayor, involucra más gente, y lo peor, ¡INVOLUCRA MÁS DINERO! Por eso se debe poner mucha atención a la ejecución.

Aunque los pasos particulares para ejecutar una iniciativa o estrategia son muy diversos, éstos deben contener al menos los siguientes puntos (siguiendo la analogía de una receta de cocina):

-Qué iniciativa va a implementar (qué platillo preparará). ¿Una página web?, ¿la apertura de una nueva sucursal?, ¿comprar e instalar un nuevo equipo? Debe tener bien claro qué iniciativa va a ejecutar y el objetivo que esta persigue.

-Qué insumos necesitará (qué ingredientes). ¿Conoce todo lo que implica la iniciativa que quiere llevar a cabo? El tiempo, los materiales, el personal, el dinero, los permisos, etcétera.

-Cuál es la secuencia de actividades (cuáles son los pasos de preparación). Para llevar a cabo cualquier iniciativa o estrategia, deben estar claras no solo las actividades, sino la secuencia en que deben ejecutarse (no se puede freír primero una milanesa y después empanizarla, ¿verdad?)

-Quién llevará a cabo cada actividad y en cuanto tiempo (quién será el chef, el ayudante de cocina, el lavaplatos). Cada actividad necesita un responsable que esté calificado para hacer el trabajo y que sepa exactamente lo que se espera de él. Algo indispensable que debe estar claro es quién será el líder responsable, ya que hace falta alguien que tome en última instancia las decisiones importantes, que dé seguimiento a los avances, y que revise que el trabajo esté bien hecho.

Fuente: Ideasparapymes.com

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