El objetivo es alcanzar el éxito, pero ¿Qué éxito?

La clave es que seamos capaces de utilizar nuestro propio criterio y no nos dejemos llevar por la opinión ampliamente establecida sobre qué es el éxito.

En mi opinión deberíamos pararnos y reflexionar sobre qué es realmente el éxito para nosotros, algo que irá muy unido a nuestros valores, principios y necesidades…. ya que existen muchas definiciones de “éxito”, y que en algunos casos no son excluyentes:

1.- Montar un negocio que nos deje tiempo libre y calidad de vida:

Empiezo por la que probablemente es la definición más alejada del concepto mediático de éxito, pero quizás sobre la que más deberíamos reflexionar, ya que tendemos a ponernos como meta el dinero para que entonces podamos ser felices, entonces podamos pasar más tiempo con la familia… y nos olvidamos que la felicidad no es una meta, es un estado.

2.- Montar un negocio que cambie el mundo:

A veces nuestro objetivo es cambiar algo que pensamos que no funciona en el mundo, que está estropeado en la sociedad. Los llamados emprendedores sociales no miden su éxito en base a la rentabilidad sino en base a si consiguen resolver el problema, si consiguen cambiar el mundo. Obviamente deben ser negocios sostenibles económicamente, pero el lucro no es su fin sino el camino. Entre este extremo y el puro ánimo de lucro sin un propósito hay miles de tonalidades… y sí, lo ideal es poder cambiar el mundo ganado mucho dinero, pero a veces no es posible.

3.- Montar una empresa rentable con nuestros propios fondos y crecer de una forma lenta pero segura:

Una de las opciones menos “sexy” pero que implica que, aunque no dispondremos de amplias sumas de capital para invertir en crecer, mantendremos completamente el control de nuestra organización, haremos las cosas a nuestra manera y nadie nos meterá prisa. Típicamente son empresas con vectores de crecimiento más lentos que se han financiado con sus propios medios.

4.- Conseguir inversión para crecer:

Una de las formas más “de moda” para cualquier startup… ya que en algunos tipos de negocio simplemente no es posible empezar o crecer con fondos propios. El conseguir financiación externa es algo estupendo si necesitamos capital para crecer, pero también tiene un “lado oscuro”, ya que perderemos una parte del control de la empresa… y el que ha conseguido inversión lo sabe: cada euro que uno gasta de la inversión cuesta mucho más que uno propio, lo que unido al hecho de que vamos a tener que rendir cuentas no hace tan apetecible el proceso (depende en gran medida del tipo de inversor y de si es alguien que entiende en lo que invierte)

5.- Crear una empresa para venderla:

Algo que, aunque absolutamente lícito, tiene fuertes implicaciones desde el momento del nacimiento. En este tipo de casos la rentabilidad no es la clave, sino más bien la tracción y la capacidad de conseguir fuertes crecimientos mes a mes, mostrando una tendencia espectacular. En estas situaciones se debe tener claro desde el principio no sólo el que se quiere vender, sino a quien, cuando y para qué. La velocidad y el crecimiento son las variables clave, lo que hace que no vaya a ser cómodo vivir en éste entorno.

TODAS son estupendas razones para crear una empresa, lo importante es saber cual es la más importante para nosotros, ya que matizará todas y cada una de las decisiones que tomemos. De hecho, aunque repetimos hasta la saciedad que debemos buscar la escalabilidad en un modelo de negocio, eso no quiere decir que una empresa no escalable (una consultora, una pescadería, una empresa de desarrollo…) no sea perfectamente valida y viable.

Por todo esto cuando empiezo a trabajar con una empresa les pregunto “¿Qué es para ti el éxito?”, ya que la definición condicionará completamente la estrategia de crecimiento, financiación, llegada al mercado…etc.. En cualquier caso, todas tienen algo en común:

El único lugar donde encontrarás el éxito antes del trabajo es en el diccionario

Fuente: javiermegias.com

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