El verdadero sentido de las estrategias a largo plazo

Largo plazo

Planificar a largo plazo puede ser una espada de doble filo. ¿Cómo se pueden elaborar estrategias de cara al futuro si resulta imposible conocer cómo estaremos nosotros y nuestra competencia dentro de unos años? Es posible que el entorno y las necesidades de los clientes también hayan cambiado. El futuro es incierto. Existen algunas tendencias que se avizoran en los diferentes mercados, pero dichas tendencias por ningún motivo marcan lo que será el futuro.

Aun así establecer estrategias de cara al futuro puede resultar necesario para la guía de nuestra empresa. Aunque vale siempre respetar las siguientes pautas:

Eliminar la Ilusión del Futuro

El futuro es irreal y nuestros trabajadores deben ser conscientes de ello. No se puede trabajar de acuerdo a escenarios “ideales”. Por el contrario, nuestras estrategias deben guardar correspondencia con las circunstancias que establece el mercado. Es mejor siempre estar con el ojo vigilante.

Fijar una Dirección Coherente del Negocio

El plan de nuestra estrategia no puede dejar de lado dos aspectos importantes: el conocer la labor que desempeñamos y el elaborar los correctos medios para superar a la competencia. Solo en un caso excepcional este planteamiento no funciona: cuando se saca un producto innovador al mercado. Para tal caso resulta necesario sacar de nuestra mente cualquier planteamiento de marketing que tengamos implantado. Los productos que satisfacen necesidades nunca antes exploradas no necesitan de investigación de mercado.

Alinear la Planificación Empresarial

El personal operativo no puede andar separado de nuestro personal estratégico. Resulta imprescindible que ambas áreas aprendan a conocerse mutuamente, a establecer lazos de integración laboral para lograr metas comunes.

Elaborar un Plan de Vuelo

Las antiguas estrategias que consisten en complicados teoremas inentendibles para gran parte de los trabajadores deben ser dejadas de lado. Hay que elaborar un plan estratégico simple y sencillo,  que pueda ser entendido y puesto en marcha por cada uno de nuestros colaboradores.

Todo lo mencionado nos deja una enseñanza: los departamentos centrales de planificación han entrado en caducidad. Tal vez, el mejor camino es que cada una de las áreas, interrelacionadas a todas las demás, sea capaz de sacar conclusiones positivas y negativas de su propia labor. La futurología emprendida por un grupo de personas al interior de nuestra empresa, y que nunca se involucran en el proceso productivo o de ventas, no resuelve nada. Es mejor que andemos con los pies en la tierra y no quedarnos perplejos ante el futuro que deparan las estrellas.

Vía: “El poder de lo simple” por Jack Trout y Steve Rivkin

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