La importancia del valor de la palabra del empresario para el éxito en los negocios

La confianza es una herramienta de vital importancia en los negocios. Algunos no se dan cuenta, pero la confianza en la palabra del empresario es vital para que resulte un éxito vender y comprar, para que el banco pueda conceder un préstamo, para la contratación de asesores y colaboradores y para muchas otras actividades del día a día de la pyme.

Sin confianza, las transacciones no se llevan a cabo, por muchos seguros que se puedan contratar para garantizarlas o tratar de minimizar pérdidas. Si no se confía en la palabra de una persona, difícilmente se le contrata para desempeñar unas funciones, sea en el puesto que sea. El banco no suelta un dolar a clientes si desconfía de ellos. Los clientes no compran un producto de alguien en quien no confían y los proveedores no venden a quien desconfían de que les va a pagar.

El peor empresario es aquel cuya palabra no vale nada

Cuando la palabra de un empresario pierde su valor, no hay concurso de acreedores o inyección de capital que lo solucione. Las empresas están formadas por personas, que tienen capacidad para perdonar un error, pero que pocas veces olvidan a un estafador, a alguien que va engaña a sus clientes, proveedores, trabajadores, socios u otros agentes del entorno del negocio.

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Hay ciertas barreras que no deben cruzarse nunca y, en caso de tener que tomar una decisión que no guste a un tercero, no pasa nada. Se puede hacer, sobre todo si hay razones suficientes para ello y no existe otra opción mejor, pero el empresario siempre ha de dar la cara. Por desgracia, la realidad nos demuestra que empresarios cuya palabra no vale nada y almas en pena en el mundo de la empresa existen como tales: aquellos que provocan situaciones críticas para el sustento de sus trabajadores; o los que no respetan acuerdos y no les importa dar la cara, al menos, aportando una explicación a sus socios; y muchos otros casos que incluso llegan a salir en las noticias.

Ante un empresario cuya palabra no vale nada, en el que se desconfía, lo mejor que se puede hacer es poner pies en polvorosa y evitar cualquier contacto con él. Puede que hoy cumpla, pero mañana tal vez deje de hacerlo. Poner tierra de por medio entre un “empresario tóxico” y la empresa propia es la mejor solución posible, ya que a la larga lo normal es que esta relación perjudique al buen negocio. Quien se acuesta con niños, explica muy bien el refrán cómo se levanta al día siguiente.

El fracaso empresarial no tiene por qué conducir a la falta de confianza

En España, fallar en un negocio es sinónimo de fracaso. Al empresario que “se la va la empresa al tacho”, la sociedad española lo marca de muchas maneras poco deseables, por ejemplo, como un fracasado, un “jetas” o uno que quiso dar un pelotazo y se estrelló. Mientras tanto, en otros países está bien visto intentar cosas y no pasa nada si se fracasa, ya que se considera bueno al menos intentarlo, en lugar de quedarse de brazos cruzados o simplemente criticando a los que lo intentan.

El empresario que ha fallado en su negocio tiene una ventaja sobre los que siempre les ha ido bien, como los que jamás han intentado la aventura empresarial, y es que sufre en sus propias carnes un importante proceso de aprendizaje. Cuando un negocio falla, el camino recorrido suele ser de todo menos agradable, por lo que queda grabado a fuego en la persona del empresario. Esta experiencia adquirida será una gran ayuda y disminuirá las probabilidades de fallar en siguientes intentos de sacar adelante una actividad empresarial.

Es en los momentos de crisis y de dificultad cuando la se vuelve más importante dar la cara ante la adversidad o cuando hay que adoptar decisiones difíciles. El empresario debe gestionar situaciones que no siempre son agradables y que requieren, para mantener la confianza, ir de frente con las personas afectadas. No siempre se podrá mantener el 100% de la confianza con todo el mundo, tras una acción de difícil encaje (por ejemplo, tras despedir a un empleado o el incumplimiento de un acuerdo), pero dar la cara, al menos ayudará a que muchos otros piensen que su palabra tiene valor.

La comunicación, clave para desarrollar relaciones de confianza

Igual que en las relaciones de pareja, la comunicación es una herramienta clave a la hora de desarrollar relaciones de confianza entre personas en el entorno empresarial. No se trata de contarlo todo a todo el mundo, clientes, proveedores, colaboradores, etc., sino de comunicar los hechos y riesgos más relevantes que impactan en la organización. Puede que las cosas no vayan bien, la gente puede comprender eso, lo que difícilmente se comprende, es que no se comunique un riesgo importante que impacte en una relación comercial, en la viabilidad de un negocio o en la ejecución de un acuerdo.

Por ejemplo, en un momento dado puede que todo sea favorable para su cumplimiento pero que, al cabo de un tiempo, las cosas se vayan torciendo y sea imposible cumplir. No decir nada hasta el último momento, sin avisar a la otra parte, incumpliendo el acuerdo, provocará a buen seguro una reacción que llevará a la pérdida de confianza por la otra parte, con todas las consecuencias que ello supone.

Fuente: blog.sage.es

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