Planificar metas, ¿qué tanto nos sirve?

Metas planificadas

¿Qué tan seguido usted planifica metas para su empresa? ¿Y cuáles han sido sus resultados? Pues bien, las metas en el mundo de los negocios no son tan significativas como se quiere hacer ver en muchos tratados de mercadotecnia. De hecho, las metas pueden nublar nuestro horizonte real y hacernos perder de vista las necesidades actuales de la empresa. Algunos utilizan metas como guías de negocio, como si conseguir la meta fuera sinónimo de llegar primero a la mente de los clientes.

Aunque, valgan verdades, las metas no son negativas de por sí, lo que sucede es que muchas de estas metas están mal orientadas. Algunos de los motivos más comunes que ocurren al planificar metas:

  • Se busca conseguir dichas metas de forma obsesiva, no dejando lugar a ningún cambio que pueda sugerir el mercado.
  • Estas metas suelen estar orientadas a buscar clientes de mercados existentes, en lugar de buscar nuevos horizontes, de ver los flancos de mercado que la competencia aún no ha tomado.
  • Los trabajadores y nosotros mismos perdemos la perspectiva y dejamos de hacer lo que es correcto, en pro del alcance de la meta propuesta.
  • Se confunden las metas con estrategias audaces. Las metas son una visión preliminar del futuro próximo o a largo plazo, no son mensajes para llevar a cabo tal o cual plan.

Sobre este último punto, unos ejemplos resaltantes resultan ser los casos de Boeing e IBM. Boeing pensó que estaba estableciendo una meta al lanzar el Boeing 707, el primer avión comercial a reacción. En realidad esa fue una estrategia, más que una meta. IBM, por su parte, lanzó el modelo 360 al mercado. Nuevamente recalcamos que este tipo de actos no son muestra de lo que significa planificar una meta sino más bien de estrategias audaces.

Lo que usted debe saber de antemano, es que las metas se presentan como sueños, los cuales muchas veces resultan inalcanzables. Ocurre también lo contrario: logramos alcanzar las metas luego de cinco o más años, sin embargo, no nos hemos percatado la gran cantidad de oportunidades desperdiciadas por no tener todos los sentidos puestos en el mercado y los clientes.

Vía: “El poder de lo simple” por Jack Trout y Steve Rivkin

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