Cómo este empresario logró convertir 40 dólares en una fortuna de US$6,000 millones

Su filosofía hizo que transformara poco dinero en una empresa millonaria; para él, la clave del éxito es que alguien o muchas personas te hagan sentir especial.

Daymond John, más conocido por ser uno de los inversionistas del programa televisivo Shark Tank, de la cadena estadounidense ABC, creció en Queens, Nueva York, como el hijo único de una madre soltera.

“Vengo de un barrio donde se nos decía que a los 21 todos íbamos a estar muertos o en la cárcel”, confiesa el creador de FUBU (abreviatura de “For Us By Us”que significa ” Para nosotros, por Nosotros”), es hoy un negocio millonario dedicado al diseño de ropa específicamente para la población urbana afroamericana.

Sus inicios

Daymond John creció en el vecindario de Hollis en Queens, NY. y durante sus años en la preparatoria pública de Bayside High School, consiguió ingresar a un programa que le permitía trabajar tiempo completo, yendo a la escuela por 10 horas por semana.

Una vez concluida su preparatoria, comenzó a vender sombreros de lana a 10 dólares cada unoy, que al cabo de algunos meses, logró ganar US $800 dólares por día. Y todo comenzó con la máquina de coser de su madre y 40 dólares de capital inicial.

Entonces, al ver el potencial en su trabajo y con una mentalidad emprendedora, Daymond y su mamá empeñaron su casa por US$100,000 para generar un capital semilla. Además Brown reclutó a dos viejos amigos: J. Alexander Martin y Keith Perrin. Y con eso comenzaron a fabricar jerseys de hockey, camisas y sudaderas, agregándoles el logo de FUBU.

Marca millonaria

Precisamente, antes que el programa Shark Tank lo lanzara a la fama internacional, John hizo su fortuna como el fundador, presidente y CEO de FUBU, una marca de ropa urbana abanderada por los artistas de hip hop.  Lo cierto es que a fines de los años ochenta, John sintió que este estilo musical lo llevaría lejos.

Y es que las voces de la comunidad afroamericana se hacían escuchar y comprendió que quería ser parte del movimiento. “Ellos comenzaron a hablar sobre sus esperanzas, sus sueños, sus aspiraciones, sus luchas interurbanas y en la comunidad. Y se comunicaban a través de esta música”, recuerda.

Entonces, el empresario comenzó a diseñar camisetas que creyó atraerían a clientes urbanos, jóvenes como él y sus amigos. Cosía las prendas en la noche, luego iba a los platós donde se grababan los videos musicales y convencía a los raperos para que vistieran sus creaciones en el rodaje. Durante el día, tenía un segundo trabajo sirviendo mesas en Red Lobster.

“Regresaba a casa en la noche, cosía las camisas, despertaba en la mañana y las entregaba, luego volvía a Red Lobster, porque tenía que ganar un jornal. Pero también quería perseguir este sueño, así que tuve que renunciar a todo por él“, recuerda.

Al final, su pequeño taller de costura se volvió un trabajo de tiempo completo. Con 40 dólares y tres amigos fundó FUBU que crecería hasta llegar a ser una empresa de 6,000 millones de dólares.

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Sentirse ‘especial’ no tiene precio

A lo largo de su carrera, el millonario empresario se ganó la reputación de ser un gurú del branding, colaborando con las Kardashian, Pit Bull, el rapero LL Cool J y el boxeador Lennox Lewis.

No en vano, en el 2015, el presidente Barack Obama lo nombró como uno de los nueve embajadores presidenciales del Global Entrepreneurship, el espíritu emprendedor que John personifica.

“La clave para tener éxito, creo, es que alguien, o muchas personas, te hagan sentir especial”, admite John, quien agradece a su madre, que trabajaba como azafata de American Airlines, por inculcarle un sentido de la autoestima que lo impulsó en momentos difíciles.

¿El dinero importa?

Contra el refrán popular que dice que el dinero atrae al dinero, John sostiene que la falta de dinero puede estimular la creatividad, una teoría que expone en su nuevo libro, The Power of Broke.

Allí se resalta su filosofía empresarial que acoge el fracaso como una parte esencial del proceso de aprendizaje, algo que lo inspira a la hora de decidir en qué negocios invertirá en Shark Tank.

“Me gusta que me cuenten los fracasos. Quiero saber que voy a trabajar con alguien que intentó esto, esto y esto otro. No funcionó, pero ahora sí funcionará porque yo no quiero que mi dinero pague ese proceso de aprendizaje. Y cualquiera que conozca el espíritu empresarial, sabe que los empresarios no sólo hilan éxito tras éxito tras éxito. Su camino es más bien éxito-éxito-fracaso-éxito”, señala finalmente.

Vía: expansion.mx

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