Corregir a los expertos en escurrir el bulto

Corregir a los expertos en escurrir el bultoEscurrir el bulto es una mala costumbre, pero cuando es el jefe quien la practica se puede convertir en un problema corporativo. Si además no es coherente en sus decisiones, no asume riesgos, es incapaz de reconocer el trabajo de su equipo y adora colgarse medallas ajenas, definitivamente no es digno de llevar las riendas de una organización.

Son muchos los coach que en sus procesos se enfrentan a individuos que adolecen de estos defectos. A menudo, corregirlos es la única solución para no perder un buen profesional y ganar un buen jefe. Luis Carlos Collazos es coach de directivos y reconoce que pocos profesionales tienen estos problemas en un nivel tan acusado: “Los directivos están para equilibrar los intereses encontrados de cada grupo. Un líder eficaz convierte las fortalezas y anula las debilidades”.

1. No escurrirás el bulto. “Se escurre el bulto cuando se pisa poco la oficina sin razones justificadas”, explica Luis Huete, coach y profesor del IESE, quien afirma que una forma típica de desentenderse de las obligaciones es “la híperinflación de comités y de reuniones poco efectivas”. Douglas McEncroe, director de Douglas McEncroe Group, asegura que el jefe debe concretar y medir lo que marca como objetivos propios y ajenos. Y si aún sigue desentendiéndose de sus obligaciones, Collazos propone plantearles tareas, darles retos concretos.

2. Serás coherente en tus decisiones. Sin coherencia no hay credibilidad. Ignacio Belinchón, socio director de Norman Broadbent, reconoce que ya no es posible planificar más allá de unos meses, por eso los directivos deben ser ágiles: “Si se comunica bien se anula o palía la sensación de incoherencia”. Para Santiago Álvarez de Mon, coach y profesor del IESE, “la coherencia es la comunión enre lo que se dice y lo que se hace, consecuencia de lo que se siente. Si se comunica algo hay que hacerlo con consistencia. La herramienta más potente de comunicación no es la palabra, sino las acciones”.

3. No asumirás riesgos en vano. Douglas advierte que para tener éxito hay que ser capaz de asumir riesgos, incluso corriendo el peligro de que acaben en fracaso. También Collazos apuesta de manera definitiva por el riesgo compartido: “Lo importante es la participación en la creación de las ideas. Esta actitud es imprescindible para mirar lejos”. A veces la coherencia de unos buenos jefes radica en que se mueven en un entorno consistente al error”. A pesar de todo, Belinchón explica que “parece evidente que hoy se premia el conservadurismo en lugar del rupturismo y las propuestas novedosas. A cualquier aguerrido líder le penalizarían por ello”. No obstante vaticina que “se volverá a replicar aquella época en la que las entidades financieras contrataban equipos que venían de la industria de gran consumo con ideas transgresoras y no contaminados por el sector.

4. Reconocerás el trabajo de tu equipo. La motivación es el motor que mueve a las empresas y eso no cuesta nada. McEncroe propone los proyectos interesantes, las oportunidades y el reconocimiento público como los mejores alicientes. Pero hay que actuar con cierta cautela. Huete afirma que “los incentivos individuales sin actuaciones que promuevan el sentimiento de equipo acaban siendo disfuncionales”.

5. No te colgarás medallas ajenas. Como afirma Belinchón, “el ego, el variable, el reconocimiento y la promoción son los anhelos de cualquier directivo”. Sin embargo, este comportamiento no acarrea buenos resultados a medio plazo. “El problema”, según Huete, “es que sólo pueden ser humildes las personas con gran inteligencia. El instinto de dominación y de vivir llaman la atención y es propio de mentes más bien primitivas”. Álvarez de Mon afirma que “la mejor manera de motivar a la plantilla es hacer partícipe a los demás de un éxito tuyo y no viceversa”.

Fuente: Expansión.com

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