De vivir en las calles a millonario con un negocio de jugos de fruta

Tocó fondo en 2003, pero con esfuerzo salió del pozo y fundó su propio negocio: una cadena de zumos en la que emplea a adictos que quieren dejar las drogas.

 

A los 33 años, Khalil Rafati vivía en las calles dentro de cajas de cartón y pasta de cocaína y heroína hasta que, casi cerca de la muerte, logró dejar sus adicciones para convertirse en un millonario de alimentos saludables.

Su historia parece increíble y digno para un guión de Hollywood, pero es real. Llegó a California buscando su particular sueño americano. Quería huir de Toledo (Ohio), donde nació y creció pero, en Los Angeles cayó en el mundo de las drogas, pesaba 49 kilos y su piel estaba cubierta de úlceras.

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Hasta que en el 2013, Khalil Rafati atravesó su novena sobredosis de heroína y los paramédicos intentaron salvarle desesperadamente salvarle la vida. El equipo médico usó un desfibrilador para administrarle un shock eléctrico y el drogadicto finalmente recobró la conciencia.

Fui arrestado más veces de las que puedo recordar (por delitos de drogas). Estaba hecho un completo desastre… y siempre en tanto dolor que no podía dormir”, recuerda Rafati, hoy de 49 años.

De mendigo a millonario

Aunque Khalil había tratado antes de dejar las drogas y fracasado, afirma que, después de su novena sobredosis, de dio cuenta por fin de que tenía que cambiar si quería seguir viviendo. Así que pasó cuatro meses en un centro de rehabilitación y, desde entonces, ha estado libre de drogas.

Después de dedicarse a vivir sanamente, Khalil ha tenido tanto éxito rehaciendo su vida que actualmente es el fundador y propietario de Sunlife Organics, una reconocida empresa de alimentos saludable en California que lo ha hecho millonario.

Con ventas anuales de más de US$6 millones en sus seis sucursales -que son una combinación de café y bar de jugos- y vía su sitio internet, la empresa se prepara para expandirse a otros 16 Estados y a Japón. Sin duda, una increíble historia ….¡ es para no creerlo!

Nació en Ohio, en el centro de Estados Unidos, hijo de una madre judía polaca y un padre musulmán. Tuvo una niñez turbulenta, abandonó la escuela sin un diploma y fue arrestado por vandalismo y hurto. En 1992, a los 21 años, se trasladó a Los Ángeles con el sueño de convertirse en una estrella de cine.

Su carrera como actor nunca despegó, pero empezó a tocar en conjuntos musicales locales y logró tener un buen ingreso lavando los autos de estrellas de Hollywood que incluían a Elizabeth Taylor, Jeff Bridges y Slash, el guitarrista de Guns N‘ Roses.

Sin embargo, pronto se sumió en las drogas y su vida entró en una espiral descontrolada. Terminó durmiendo dentro de cajas de cartón al lado de otros adictos y vendiendo drogas para costearse su propia adicción. Pero, después de esa fatídica novena sobredosis, la vida de Khalil cambió completamente para bien. Tras lograr superar la drogadicción, se mantuvo ocupado con varios trabajos.

Además de trabajar en dos centros de rehabilitación en Malibú, lavó autos, sacó perros a caminar e se dedicó a la jardinería. “Pude ahorrar dinero. “Trabajé arduamente, siete días a la semana, 16 horas al día”, cuenta.

Jugo milagroso

Khalil también empezó a obsesionarse con hacer sus propios jugos de frutas y vegetales, después de encontrarse con un viejo amigo de Ohio, quien era un hippie que empezó a enseñarle sobre vitaminas, comida orgánica y alimentos súper nutritivos. “En ese momento yo buscaba cualquier cosa que me hiciera sentir mejor”, señala.

Así que en el 2007, Khalil arrendó una casa y abrió su propio centro de rehabilitación, Riviera Recovery, para clientes que pudieran pagar los mil mil dólares al mes que costaba la estadía. Para esos residentes, Khalil les preparaba una mezclas de jugos exóticos como el que llamaba “Wolverine”, una combinación de banano, polvo de maca, jalea real y polen.

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Con el tiempo, la reputación de estas bebidas empezó a crecer y la gente lo llamaba para comprarlas. Se dio cuenta de que había suficiente demanda para establecer un negocio separado así que, en 2011, Khalil lanzó Sunlife Organics, la cual financió con sus ahorros y la primera sucursal abrió en Malibu.

Khalil asegura que fue un éxito inmediato, alcanzando $1 millón de dólares en ventas el primer año. Hoy en día, la empresa emplea a más de 200 personas en sus 6 sucursales. Además de jugos, ahora vende una gama de alimentos y ropa, como playeras y encapuchados.

Además de Sunlife Organics, Khalil todavía administra Riviera Recovery y es dueño de un estudio de yoga en Malibú. También se tomó el tiempo para escribir su autobiografía, “Me olvidé de morirme”, publicada en 2015.

“No me considero súper inteligente”, comenta Khalil. “Pero tengo apetito por la vida y me lanzo de lleno a algo cuando me propongo hacerlo”.

Para atender a sus clientes, Khalil contrata a ex drogadictos a los que les da la oportunidad que un día le ofrecieron a él. Sin duda, una historia de superación impresionante de alguien que consiguió ganar su batalla contra las drogas y convertirse en un emprendedor de éxito que demuestra que nada es imposible.

Vía: finanzaspersonales.com.co

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