Desarrolla o extingue tu imaginación en un solo paso

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Imaginación… todos nacemos con ella pero pocos son los que la conservan. Se dice que los niños son imaginativos, y razón no les falta a quienes afirman esto. Entonces, ¿por qué al llegar a la adultez la mayoría de estos ex niños pierden su potencial imaginativo? Veamos cuáles son las 2 razones que pueden llevarte a vivir de tu imaginación o a perderla en el camino.

El “músculo” detrás de la imaginación

¿Por qué consideramos a Picasso como imaginativo? ¿O a John Lennon? ¿Qué tienen en común los grandes artistas, los empresarios de éxito o los hombres de ciencia para ser considerados como imaginativos? Solo hay algo que los une: el desarrollo de esa imaginación. Detrás de esas obras inmensas, hay horas y horas de trabajo. La práctica hace al maestro, reza el dicho. Para este caso particular, el hábito desarrolla la imaginación.

Si le dices a un niño que los humanos no podemos volar o que una serpiente no puede patear un balón, él no te creará. Sencillamente, porque desconoce las leyes de la física presentes en el universo. Y qué bueno que sea así. Un niño es una máquina en combustión de imaginación. Para él, todo es posible. Y la única forma para conseguir que esa llamarada de imaginación no se extinga con el paso del tiempo es el desarrollo de nuestros talentos. Si tenemos ideas geniales, ¿por qué no darles alas para que lleguen al infinito?

El terrible sino de la falta de imaginación

Pero, así como la práctica constante hace posible el mantenimiento y desarrollo de la imaginación, también es cierto que la educación es la principal responsable que la llama de la imaginación se extinga en nosotros. No hablamos solo de la educación formal que se imparte en colegios y universidades, también hacemos referencia a la educación que recibimos en casa.

La educación, en lugar de convertirse en un cúmulo de nuevos conocimientos prácticos, se ha transformado en una guía de lo que no debemos hacer. Y repetimos, eso atrofia nuestro potencial imaginativo. Si aseveramos que los niños dejan de ser imaginativos al pasar a la juventud, es porque durante la adolescencia, la educación formal y la no formal los instruyó negativamente y no creativamente.

No te sorprendas ante el hecho que la mayoría de empresarios multimillonarios del mundo no hayan estudiado un posgrado. O ante la realidad que nos muestra que los más grandes músicos y escritores del planeta no tuvieron precisamente una formación académica acorde a la tarea que realizan. Y la razón es muy sencilla: la educación atrofia nuestra imaginación. ¿Esto quiere decir que debemos dejar los estudios para siempre? Para nada. Nunca hay que dejar de estudiar. Únicamente, no hay que dejarse envolver por el mantra negativo que envuelve a la educación (ojo, que hablamos de “educación” y no de “estudios”).

¿Quieres ser imaginativo? Pues deja los reparos y pon en marcha tus ideas.

Vía: forbes.com
Foto: fstoppers.com

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