El anciano, el niño y el burro: una historia para quienes dependen de las opiniones de los demás

El niño, anciano y el burro

La siguiente historia es para aquellas personas que se dejan influenciar demasiado por las opiniones de los demás. Es para aquellas personas que rigen su vida según “el qué dirán” las demás personas. Es por eso que si eres un emprendedor debes conocer una de las reglas de oro: nunca, pero nunca, podremos contentar o caerles bien a todos. A continuación la historia del anciano, el niño y el burro.

Había una vez un anciano y un niño, ambos iban camino al pueblo natal del anciano y llevaban consigo un burro. Durante el trayecto, el anciano un poco cansado decidió subir en el lomo del animal para poder descansar. La sorpresa fue tal cuando llegaron a un pueblo y la gente le recriminó al anciano que cómo era posible que permitiera que un niño camine tanto y que él llegue sentado encima del burro. Sin prestar mucho interés a los reproches, decidieron seguir con su viaje y continuaron su camino. Cuando estaban próximos a llegar a otro pueblo, el anciano decidió sentar en el lomo del animal al niño, para no recibir críticas injustas. Nuevamente fue sorprendido por la gente ya que ellos le reprocharon el hecho que el niño sea quién monte el animal y no el anciano, ¿es que el niño no tiene respeto por la gente mayor?, le preguntaban al anciano. Una vez más, partieron, sin decir nada, al siguiente pueblo para pasar la noche; ya casi a puertas del pueblo el anciano pensó que lo mejor era que se sentaran los 2, el niño y el anciano, de manera que no habría forma de recibir más críticas. Cuando llegaron al pueblo, ambos estaban sentados sobre el burro, fue entonces que una persona se acercó y  les dijo: ¿cómo puede ser posible que traten así al animal? ¿Es que acaso no piensan que el animal también sufre? El anciano, furioso decidió no descansar en ese pueblo y caminar hasta su destino final, al fin y al cabo, ya estaban muy cerca. Malhumorado caminó rápido hasta llegar hasta su pueblo natal; esta vez llegaron los 3 caminando, el niño, el anciano y el burro.  El anciano ya aliviado y cansado decidió tomar un poco de agua y sentarse en la banca de un parque; una mujer que estaba al costado suyo se le acercó y le dijo: buen hombre, pudo haberse evitado tal fatiga si hubiese montado al burro, ¿por qué no lo hizo? Para eso sirven las bestias.

La moraleja de esta historia es que hagas lo que hagas nunca podrás tener a todos contentos. Siempre habrá alguien que no esté de acuerdo contigo. Y, si eres de las personas que se esfuerzan para mantener simpatías o contentas a las personas, pues deberías pensar en esforzarte más para agradar a la persona más importante, y esa eres tú.

Vía: coachdelaempresaria.com

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