El perro que lo quería todo

perro y el río

Esta historia me la contó  un compañero, el cual siempre me comentaba sobre el propósito de la vida y la importancia del enfoque que uno debe tener sobre las cosas que quiere hacer o emprender en la vida.

Una vez, un perro, que estaba famélico, decidió aventurarse a encontrar comida; caminó algunos minutos hasta llegar a la orilla de un río. Su sorpresa fue tal al ver a unas personas que estaban haciendo un picnic al otro lado del río; pensó: cruzaré el río y de seguro habrá algún hueso o restos de comida para mí. Sin pensarlo dos veces, el perro se metió al agua y, con las patas delanteras, comenzó a nadar. Cuando ya estaba en la mitad del río, se dio cuenta que el río lo había jalado unos cuantos metros cuesta abajo. Sin importarle mucho, el perro volteó para ver donde estaba, pero su sorpresa fue tal, al ver que a unos metros de donde él estaba en un principio, había un campamento; inmediatamente, el perro pensó: si voy hacia ese campamento no solamente podré comer un hueso, sino que tendré bastante comida para todo el día. El perro, inmediatamente se decidió ir al campamento, giró su cuerpo y empezó a nadar. La corriente siempre lo jalaba, por eso, él siempre volteaba para ver qué tan lejos lo había arrastrado el agua. Cuando esta vez volteó, pudo divisar que en la otra orilla había una construcción y se dijo: ahora sí, ellos estarán varios meses ahí, podré comer durante el tiempo que la construcción dure. Y una vez más, el perro giró su cuerpo y nadó hacia la construcción. Ya casi estaba por llegar cuando,  nuevamente, volteó y miró con mucha sorpresa y admiración que había un pequeño pueblo totalmente nuevo, con nuevos habitantes. El perro, una vez más se emocionó y se dijo así mismo: ahora sí, la suerte está de mi lado, ya no comeré por unos meses, comeré el resto de mi vida, de seguro me querrán como mascota. Hizo un último intento al querer girar su cuerpo, pero se dio cuenta que no tenía la fuerza necesaria para poder llegar hacia ese pueblo; no pudiendo nadar con la misma intensidad que al principio, el agua lo arrastro río abajo.

Moraleja:

Nunca emprendas algo sin haber terminado lo que habías empezado antes. En otras palabras, no dejes nada a medias, siempre termina algo antes de comenzar otra cosa. Por muy ventajoso o fascinante que sea la nueva oportunidad que se te presente, termínala, solamente de esta forma podrás saber si te fue bien o mal en lo que hiciste.

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