El secreto de Steve Jobs

Steve-Jobs

Si alguien nos dijera que nunca ha visto un smartphone no le creeríamos. Las innovaciones técnicas desde el inicio de la humanidad han sido apreciadas por los individuos de una comunidad. Con un rápido ejemplo mental podemos descubrir que aquel cavernícola que inventó la lanza tuvo la mayor estima de su pueblo, ya que aquel instrumento se mostraba eficaz e innovador en relación a las piedras que hasta ese momento se habían usado. Es decir, aquellos hombres con lanza podían cazar mejor y en mayores cantidades: la productividad aumentaba.

La peor desventaja: no innovar

A partir de ese instante la lanza ha sido imprescindible y necesaria. Pueblo que no contaba con esta herramienta se encontraba en desventaja. Sin exagerar, estos pueblos minusválidos estaban más cercanos a la extinción. Esta innovación se hizo necesaria.

Pensemos en Steve Jobs como ese cavernícola. ¿Por qué? Porque su lanza ha sido un smartphone. Actualmente, cualquiera que no cuente con este dispositivo se siente vulnerable a la desinformación y, por ende, a la pérdida de oportunidades. ¿Y por qué antes, supongamos en los ochenta, no existía tal sensación de desventaja? A riesgo de parecer simplista, ensayo una respuesta: en esas épocas el soporte de la información estaba dado por los periódicos y/o la televisión. Esto ha dejado de ser el paradigma hoy en día.

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La clave: haz que te necesiten

Steve Jobs con su lanza ha creado un mundo virtual que se ha vuelto mucho más que necesario. Las noticias derivan primero a ese mundo cibernético para después recién ir a parar en los periódicos impresos. Si quieres estar informado debes llevar uno de estos aparatos en tu bolsillo. La imprenta ni la televisión pueden competir contra esta rapidez digital. Steve Jobs no se ha insertado en un mundo que aprecie la velocidad de la información sino que él ha inventado, creado y moldeado ese mundo. El instrumento del cual se ha servido para conseguir este objetivo ha sido el smartphone. En otras palabras, el genio de Apple ha logrado que su producto sea necesario tanto al político más poderoso como a un empresario emprendedor.

Ya antes Graham Bell también había conseguido que los teléfonos sean imprescindibles. Ambos advirtieron que una de las necesidades del hombre es sentirse comunicado con el mundo. Es así que sus productos se nos hicieron necesarios.

Si queremos que nuestros productos obtenga éxito, deberíamos plantearnos esta interrogante: ¿cómo hago para que me necesiten? Con el simple planteamiento de esta pregunta ya podemos ir creando formas para posicionar de manera adecuada nuestros productos. ¿Y tú qué haces para que tu producto/servicio sea necesario a los demás?

 

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