La historia del panadero que durmió en el piso de su negocio y hoy es dueño de 250 restaurantes

El creador de la cadena de panaderías Le Pain Quotidien tuvo que enfrentar en sus inicios como emprendedor. Desde pasar la noche en bolsas de pan hasta alcanzar el reconocimiento internacional.

Disfrutar del pan de cada día, es la propuesta simple que el chef belga Alain Coumont ha desplegado con éxito alrededor del mundo a través de Le Pain Quotidien, la cadena de panaderías que fundó hace 27 años en Bruselas y hoy ya tiene 250 locales distribuidos en 18 países.

La historia de éxito de este emprendedor se origina cuando un día se puso a pensar que no existía ningún lugar con un pan rico, por lo que decidió emprender una panadería propia. Su éxito fue tal, que ahora abre entre 20 y 25 locales al año en el mundo.

Sus inicios

Alain Coumont era un chef obsesionado porque no podía encontrar la calidad de pan que pretendía para su restaurante. Fue ahí cuando tuvo la idea de poner una pequeña panadería casera y fabricarlo él mismo, pero se dió cuenta además que los gastos para su implementación eran altas para hacer el pan solo para el restaurante.

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Entonce, en 1990, decidió poner un local en el centro de Bruselas para poder darse el gusto sin que resultara “un hobby demasiado caro”. En ese momento ya sabía desde el tipo de pan que quería cocinar (orgánico, simple y algo rústico), hasta el color beige de las paredes del negocio, que le puso el nombre de Le Paín Quotidien.

Era un local tan sencillo como los productos que vendía, de 33 metros cuadrados y una antigua mesa comunal. A partir de una inversión de US$ 10.000, un alquiler barato y un crédito con el que financió el horno, la batidora y la mesa, Coumont, en menos de 10 años, creó una cadena de panaderías con más de 200 sucursales, con una facturación anual aproximada de US$ 240 millones.

Pero la historia de su éxito con la que empezó no todo fue tan fácil como parece. Tuvieron que pasar seis años antes que Coumont lograra ganancias y hasta llegó a dormir en el piso de su panadería. Hoy, este chef de 62 años, creador de una marca que trasciende países y continentes, es un exitoso empresario con más de 250 restaurantes a nivel mundial, bajo una marca que es dueña del 60% de ellos, aproximadamente, y el resto para franquiciatarios.

Aunque parezca un alimento sencillo de elaborar, la receta de Coumont, que lo ha llevado a recorrer el mundo abriendo locales a discreción, requiere de una paciencia olímpica. “Nuestro pan utiliza lo que llamamos una masa madre, la cual se deja reposar en un proceso que toma entre 8 y 10 horas, para que su sabor sea adecuado”, explica.

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Lo que después agrega Coumont es aún más sorprendente: se requiere de entre 2 y 3 semanas para que la masa madre, hecha de harina, sal y agua, fermente naturalmente. Con esta receta, el chef abrió su primer local en la capital belga.

Fue algo que empezó en Bélgica, pero la gente nos empezó a buscar para llevar el concepto a diferentes puntos: París, Italia, Nueva York (con dos socios que lo buscaron para crecer llevar la marca a la Gran Manzana). Es una marca que no fue creada para hacer el gran negocio o que haya sido apoyada por socios millonarios o banqueros, más bien lo veo como una cuerda que se entrelaza”, asegura Coumont.

Claves de su éxito

Una de las cosas que admite este exitoso emprendedor es que se dio cuenta que el éxito de su cadena tuvo que ver con que de alguna manera llegó al negocio del pan desde su aspiración como consumidor. “Como tal, me hubiera gustado tener este pan para el desayuno y básicamente traté de crear ese producto”, recalca.

Así que para Coumont, la clave del crecimiento de un emprendimiento es “trabajar en un nicho”. “Si uno es emprendedor, tiene que ir a lugares donde las grandes empresas no quieren ir, y así el nicho se va haciendo cada vez más grande”, relata.

A su vez, el fundador de Le Pain Quotidien recomienda moderar las expectativas y no frustrarse ante el primer traspié, pues todo emprendedor novato aprende poco de sus éxitos y hay muchas más lecciones para aprender de las dificultades y las catástrofes. “Mi consejo es que no tengan miedo al fracaso. Si yo fuera un doctor de emprededores, recomendaría un pequeño fracaso en el comienzo. El éxito no es el destino final sino la travesía. Si dejas de mejorar hoy, ya no vas a ser bueno mañana“, asegura finalmente.

Vía: altonivel.com.mx/apertura.com

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