¿Cómo pasar de ser un soñador a un hacedor?

¿Eres soñador? ¿Eres hacedor? Tener mucho de soñador y poco de hacedor es negativo. Eso te lo pueden asegurar los millones de empleados que se proponen año tras año a comenzar su negocio y nunca lo empiezan. Tener mucho de hacedor y poco de soñador también es malo, puesto que uno se limita a una función específica durante toda la vida, sin metas u horizontes definidos. ¿Qué hay que hacer, entonces? Intentar hacer de nosotros una combinación de ambos aspectos. ¿Cómo lograrlo? Aquí te lo mostramos:

  1. Poner fechas límites a tus sueños

El defecto no está en soñar (acláraselo a tus padres), lo malo está en no poder fechas límites para la consecución de esos sueños. Pongamos un sueño sencillo y que seguramente muchos de los que están leyendo esto alguna vez lo habrán tenido: el sueño de publicar tu propio libro. Si sueltas ese sueño así como así, ten la plena seguridad que nunca lo alcanzarás. Sin embargo, si desde hoy te propones a escribir dos carillas día tras día, acabarás el año teniendo un texto de más de 700 páginas. Tu sueño no está en el futuro, comienza hoy mismo.

  1. Enfrentar los sueños a la realidad

Otro sueño recurrente es el de viajar alrededor del mundo. Sin embargo, cada vez que llegamos al mes de vacaciones nos damos de bruces contra la realidad: no hay dinero para ese viaja al Caribe tan deseado. Dice un viejo dicho así: “Cosecha lo que siembras”. Si quieres hacer ese viaje, ¿qué estás sacrificando hoy para ese placer del mañana? ¿Estás trabajando más horas? ¿Tienes un negocio alterno? ¿Piensas vender tu auto? Nuevamente, algo debes de cambiar hoy para obtener frutos más adelante.

  1. Rodearte de hacedores

En el mundo, hay más soñadores que hacedores, hay que reconocerlo. Quienes mezclan ambas características generalmente los vemos en los medios como grandes empresarios, políticos reconocidos o artistas tremendamente populares. Luego, hay una inmensa masa de soñadores y unos cuantos hacedores. Posiblemente tú estés en medio de esa enorme marejada, y si tu propósito es cambiar, debes rodearte de gente que haga el cambio en tu entorno o en el mundo. Otra frase viene a mi mente sobre esta recomendación: “Dime con quién andas y te diré quién eres”.

  1. Dejar de hacer lo que no da resultados

Decir “Ya no soy un soñador, he comenzado a hacerlo a trompicones, pero lo hago” no es la receta del éxito recomendada. No se trata de convertirse en un hacedor compulsivo (de eso están repletos las empresas de todo el mundo), sino de ser un hacedor que sepa lo que está haciendo. Porque si nos limitamos a hacer por hacer, nos convertiremos en unos autómatas, que incurren en el error porque no se atreven a buscar una fórmula diferente.

  1. Asumir que el esfuerzo y la perseverancia como parte del sueño

No hay sueño que no se logre sin esfuerzo ni perseverancia (salvo que sea un sueño tan simple que se pueda realizar en un santiamén). Soñar es lindo, perseguir ese sueño es doloroso. Esa es la diferencia entre un simple soñador de alguien que está dispuesto a cumplir sus sueños. El segundo está dispuesto a dar el 101% de sí para hacer realidad lo que anhela. En cambio, el soñador se sienta frente a la TV, mira su película favorita y se imagina en un mundo mejor que nunca llegará.

Vía: entrepreneur.com

Foto: thoughts.com

Deja un comentario