Principios a considerar a la hora de delegar tareas

El encargo de funciones al personal de su empresa puede otorgarle buenos resultados a usted y su compañía, pero encomendar tareas requerirá implantar juicios en torno a ¿qué delegar y qué no?, ¿a quién delegar? y ¿cómo delegar?

Así, el criterio para decidir a quién delegar es la autonomía de la persona a la que se desea encargar determinada función. Entiéndase por autonomía la capacidad de una persona para decidir bien por sí mismo.

El nivel de independencia de una persona o institución es directamente proporcional a su capacidad endógena para tomar decisiones eficientes y eficaces. Por lo tanto, a mayor autonomía de una persona, mayor posibilidad de que el acto de delegar sea efectivo.

Como ejemplo, el riesgo de delegar a una persona la compra y venta de acciones será menor mientras más experiencia efectiva tenga realizando este tipo de transacciones.

Antes de delegar, identifique qué tarea será encargada, mida si está seguro de hacerlo y de conservar esa decisión en el tiempo. Medite la autonomía de los potenciales beneficiarios y, por último, otorgue poder.

Funciones
El proceso de delegación se inicia con la identificación de aquellas funciones que: a) demandan tiempo, b) su ejecución por otro no significaría pérdidas de eficiencia y eficacia, sino todo lo contrario, c) ponen en riesgo el enfoque en los objetivos más importantes de su puesto, y d) no se relacionan con el rol esencial de su puesto.

Además, continúe con la exploración de sí mismo, de saber cuán decidido está a soportar que otro asuma los premios y los castigos a los cuales usted estuvo acostumbrado.

El siguiente paso es medir si tal decisión la mantendrá en el tiempo y no será un asunto circunstancial, salvo que la delegación no funcione por razones de falta de autonomía de la persona a quien se delegó.

Selección
Después de saber qué se delegará y comprobar que está decidido a hacerlo, seleccione entre sus colaboradores a aquellos que gozan de los requisitos para desempeñarse mejor que usted en lo que se delegará. Además, despréndase del poder que usted gozaba para cumplir las responsabilidades delegadas y entrégueselas al candidato elegido.

Uno de los problemas más grandes de la delegación es verla puramente como una cuestión emocional y, por ende, pasar por alto su componente racional: la posibilidad de ganar o perder eficiencia y eficacia.

De esta manera, deben hacerse los esfuerzos para lograr que la delegación apalanque los recursos, esto es, para que se obtengan mejores resultados con los mismos o similares recursos. Por consiguiente, la falta de autonomía debe traducirse en un desafío para el proceso de delegación y ello implica el desarrollo de los talentos, conocimientos y valores de los potenciales responsables.

Fuente: El Peruano

Artículos Relacionados

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.