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Procura no cometer estos 10 errores en tu vida profesional

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Si estudias una carrera, o buscas tu primer trabajo, o estás ya en un puesto, e incluso si piensas en cambiar porque tu vida profesional no es lo que siempre has deseado, debes afanarte en nuevas soluciones y medir la posibilidad de equivocación al milímetro.

1. Nunca he sabido qué carrera emprender

Esta decisión vital tiene mucho de inversión en tiempo, pero muchos han entendido la formación como algo estático que les ha encasillado sin posibilidad de un trasvase posterior. Más allá de los contenidos técnicos, resulta necesario un esfuerzo por cambiar esos conocimientos por habilidades –relacionales, organizativas, motivacionales, etcétera– y competencias. De este error se deriva el siguiente.

2. No tengo las capacidades que exige el mercado laboral

La buena noticia es que, a pesar de la incertidumbre de un mercado sociolaboral cambiante en el que se acabó el trabajo para siempre, y en el que resulta muy difícil aconsejar sobre las carreras más adecuadas, es posible detectar algunas capacidades que definen los perfiles con más futuro.

La mala –pésima– es que tus oportunidades de encontrar un empleo o de progresar en tu carrera se reducen drásticamente si no trabajas cada día tu empleabilidad para adaptarte al nuevo escenario profesional.

3. Me fijo más en el sueldo que en mi desarrollo

Resulta difícil resolver el dilema de si es preferible trabajar en algo que no nos gusta demasiado, o que aborrecemos, siempre que se gane mucho dinero, o si es mejor tener un empleo seguro que nos satisfaga plenamente, aunque esté mal retribuido. Las ocupaciones que producen más felicidad son las que implican un mayor grado de realización personal, y se basan por tanto en las actividades que aportan un alto valor. Aquí el dinero no tiene mucho que ver con la satisfacción en el trabajo.

El concepto de felicidad guarda relación con la decisión de trabajar en una empresa de forma comprometida, y los expertos calculan que la motivación extra que proporciona un aumento de sueldo dura tres meses y, según la mayor parte de estudios al respecto, queda claro que el dinero no es nunca el principal factor motivador. De hecho, una investigación de la Universidad de Princeton asegura que a partir de unos ingresos anuales de 75.000 dólares no hay mayores consecuencias en términos de estrés, disfrute o frustración.

4. Nunca he conseguido ser feliz en mi trabajo

Si no eres feliz en tu empleo, quizá no te adaptes al perfil de quienes están satisfechos con su trabajo: son personas que llaman a las cosas por su nombre. Buscan las incoherencias e inconsistencias, pero son optimistas, y no tienen miedo a escuchar a su conciencia, y se plantean lo que quieren ser y hacer el resto de su vida. No hablamos de un empleado más. El happyshifter necesita sentir que lo que hace tiene sentido.

5. No entiendo que el trabajo para siempre se acabó

La garantía de un empleo para siempre nunca ha sido el factor de motivación para los más productivos. Quizá no hayas tenido aún en cuenta que la mayor parte de los trabajos que eran una garantía de éxito y seguridad a comienzos de este milenio han desaparecido de las listas de las ocupaciones que más crecen; y la dificultad para encontrar un empleo seguro se da efectivamente si nos referimos a un trabajo estable en el tiempo.

Anticípate a un mercado laboral en el que los empleados tienen cada vez menos apego a sus trabajos. La relación entre empleador y empleado ya no es de por vida, y ahora la media de duración no llega a cinco años. Todo esto se transmite a las organizaciones. Cambiarse de trabajo o de carrera profesional podría llegar a ser como cambiar de coche. Hasta siete veces de media en toda una vida laboral.

6. No me he atrevido a dejar mi empresa ni mi empleo

Dar gracias por el hecho de tener empleo se transforma con el paso del tiempo en una sensación de aburrimiento y cierta depresión. Aún así, muchos son incapaces de huir de un trabajo que aborrecen o de una empresa que les maltrata.

Si a pesar de todo has decidido permanecer en tu compañía, sólo te queda el consuelo de diseccionar las tareas, los momentos y a las personas con las que te relacionas para encontrar algo positivo que te guste de tu trabajo. Piensa en determinadas habilidades y competencias que ese trabajo supuestamente odioso potencia en tí; y analiza cómo puedes enriquecer esa actividad que aborreces.

7. Tengo miedo a crear mi propia compañía

Quizá no te sientas capaz para emprender una aventura empresarial por tu cuenta. Será así si no eres de los que saben ver oportunidades donde otros sólo advierten problemas. Si los retos te frenan en vez de espolearte, está claro que no eres emprendedor. Y menos aún si eres contrario a la disrupción y no te va lo desconocido, ni hacer las cosas de manera diferente. Son los ingredientes principales para la creatividad, pero tu conformismo es tu error.

8. No sé venderme para conseguir un ascenso

Quizá seas de esas superestrellas anónimas, humildes, que no tienen una imagen especial que las distinga, y que incluso pueden pasar a simple vista por personas de bajo nivel, pero resultan asombrosas en su trabajo.

La clave está en que confíes en tí. Cuenta tu historia. Ten siempre preparada la información acerca de quién eres y qué has hecho; supera la timidez; sé auténtico, porque decir la verdad te llevará a ganarte la confianza y el respeto de los demás, y eso ayuda a construir una reputación sólida; asegúrate de que tu jefe es consciente de que tu trabajo implica resolverle problemas; acepta el reconocimiento que te otorgan los demás; trata de aportar capacidades nuevas e inesperadas a tu actual ocupación; y, además, sé positivo y entusiasta.

9. No he logrado que mi jefe reconozca mi labor

Quizá nunca te has preocupado de que tu jefe te haya hecho una evaluación real y justa de desempeño. Que te diga cuáles son tus carencias y cómo mejorar para ser más empleable.

10. Nunca supe gestionar mi marca personal

Construir una marca personal sólida no tiene que ver con decir a la gente lo bueno que eres. Está relacionado con mostrar tu grandeza. La expresión show don’t tell (muestra en vez de contar) es la clave. Ser fiel a tus principios y valores impide generar desconfianza, que es el camino más rápido para arruinar tu reputación.

Recuerda que la identidad digital que desarrollas (y de la que algunos se preocupan más que de la real) puede ser un impulso, pero también un obstáculo para lo que eres en realidad.

Fuente: expansion.com

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