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¿Te has preguntado alguna vez si los emprendedores como Bill Gates o Mark Zuckerberg tienen algún don especial que les permitió cambiar el mundo con sus ideas? ¿Te has preguntado si tú posees lo necesario para lanzarte con tu emprendimiento?

A decir verdad, no cualquier persona puede ser emprendedora : hay quienes prefieren la seguridad de un trabajo estable o trabajar para poder costear sus hobbies. Y definitivamente, ese no es el camino de un emprendedor.

Y es que el emprendedor es una persona con una marcada determinación a enfrentarse a situaciones que conllevan un riesgo. En el ámbito laboral, la palabra emprender significa aprovechar una oportunidad de negocio y organizar los recursos necesarios para llevarla a cabo.

1.- Todos podemos ser emprendedores, sólo tenemos que desear serlo

Si bien es cierto que los rasgos de la personalidad del nuevo emprendedor, sus motivaciones a la hora de embarcarse en un nuevo negocio, la capacidad intelectual o física, la formación o experiencia previa pueden, indudablemente, influir en el éxito de la nueva empresa, no cabe atribuir a estos aspectos un valor absoluto, ni elevarlos a la categoría de requisitos previos e indispensables que deban reunirse obligatoriamente para poder afrontar con perspectivas un nuevo negocio.

2.- Motivaciones de un emprendedor

Otro de los elementos que tradicionalmente es objeto de análisis a la hora de estudiar la figura del emprendedor es el de las motivaciones que determinan la creación de la empresa.

Dichas motivaciones pueden determinar una actitud y respuesta diferentes a la hora de poner en marcha y desarrollar la actividad empresarial. Es conveniente anticipar cuál podrá ser esa respuesta, al objeto de reforzar potenciales puntos fuertes o prevenir posibles debilidades.

De forma enunciativa, señalamos algunas de las motivaciones típicas del emprendedor:

Solucionar una situación personal (dificultades profesionales, afectivas, etc) : este tipo de motivación puede determinar una insuficiente reflexión acerca del proyecto. Asimismo, debería valorarse el posible empeoramiento del estatus social a causa de un nivel de rentas inicialmente inferior al acostumbrado.

Crear su propio puesto de trabajo (autoempleo): puede existir incompatibilidad entre la preparación rigurosa del proyecto empresarial y la búsqueda activa de trabajo.

Aumentar el nivel de renta : la situación de necesidad (mayor o menor) es susceptible de incidir en una deficiente preparación del proyecto, descuidando el necesario ajuste entre aquél y la persona que lo acomete.

Permanecer o establecerse en un lugar geográfico del gusto del emprendedor: tomar la decisión en función de semejante interés puede implicar una mala selección del mercado objeto de la empresa.

Crear una empresa para ofrecer mejores oportunidades a los descendientes: debería evitarse que los afectos personales incidan en el rigor y objetividad del planteamiento del proyecto.

Desarrollar una empresa en toda su extensión: suele implicar una decisión meditada y cabal, contribuyendo así a reducir las probabilidades de error.

– Poner en práctica una idea empresarial como fórmula de realización personal: es aconsejable afrontar el proyecto de forma equilibrada, buscando la máxima adecuación entre las posibilidades personales y el proyecto que se acomete.

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Crear una empresa para poder trabajar con el cónyuge, con los padres, los hijos, con compañeros de trabajo, etc.: además de la posibilidad de que los afectos personales “contaminen” el análisis previo del proyecto, deben tenerse en cuenta ciertos riesgos, tales como la duplicación de funciones y responsabilidades, el posible choque de puntos de vista en cuanto al modo de gestión de la empresa, etc.

Tradición familiar : debería valorarse objetivamente si el emprendedor que pretende iniciar la actividad empresarial satisface los requerimientos personales y materiales normalmente exigibles.

– Tener independencia: es el anhelo de poder, reconocimiento social, mejora del estatus social, etc. En suma, es la necesidad de poner en práctica de determinadas pretensiones personalesque  no debería menoscabar el rigor en la preparación.

3.- Características del emprendedor

A continuación, se señalan las características de la personalidad, las habilidades o capacidades psíquicas o intelectuales y la formación y/o experiencia previas que más comúnmente citan los expertos a la hora de establecer el perfil de un emprendedor.

Rasgos de la personalidad:

  • Iniciativa
  • Decisión
  • Asunción de riesgos
  • Confianza
  • Capacidades o aptitudes personales
  • Habilidades organizativas y de coordinación
  • Adaptación a los cambios
  • Liderazgo
  • Aptitudes negociadoras
  • Competitividad
  • Capacidad de trabajo
  • Resistencia física
  • Formación y/o experiencia previas deseables
  • Experiencia empresarial directa o cercana
  • Conocimiento global de una empresa y/o desempeño de tareas en áreas diferentes de la misma
  • Formación específica para la gestión y/o puesta en marcha de una empresa.
  • Formación técnica, directiva o en el sector de actividad propio de la empresa que vaya a constituirse.

Vía:desarrollo-profesional.universia.es

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