¿Por qué no ser el primero en llegar y el último en irte de la oficina?

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Tomas el taxi. Le exiges al conductor que tome una avenida alterna. Llegas corriendo y con la corbata sobre la espalda. Lograste tu objetivo. Eres el primero en llegar en la oficina. ¿Te sientes un ganador?

Pues, no tienes razones para vanagloriarte. Ser el primero en llegar y el último en irte – incluso, superando a los propios jefes – no te hace ni más ni menos que tus compañeros. Si de verdad quieres un ascenso deja esta insoportable práctica de lado. ¿No nos crees?

Aquí te damos 5 razones para que dejes de ser el “niño modelo” de la oficina:

  1. Nadie quiere en realidad al empeñoso

Hasta los jefes. Literalmente, ellos van a utilizarte para sus propios fines. Poco les interesan tus ambiciones. Es más, ni siquiera valoran que seas el primero en llegar y el último en irte de la oficina. Más eficiente que mostrarte como el empleado ideal es establecer relaciones cercanas y cordiales con tus jefes.

Ningún jefe sesudo ascendería al perrito guardián de la oficina, generalmente lo hacen con el intimidante tigre.

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  1. Serás odiado por tus compañeros

Ahora eres el popular “franela” de la oficina. Ante los ojos de tus compañeros, solo te falta poner una alfombra cada vez que pasa el jefe. Imagínate que cumples tu sueño y te logran ascender, ¿crees que tus ex colegas te tendrán respeto a pesar de tu nueva posición?

Trabajar 40 horas más de tu horario normal no te convertirá en una persona respetable en la oficina. Únicamente el trabajo eficiente hace eso.

  1. Te asignarán las tareas más ridículas

¿Así que no te resulta suficiente el trabajo que te da el jefe? Pues bueno, hay muchos cafés que repartir en la oficina, papeles que fotocopiar y muchas otras responsabilidades que asumir. Incluso, la de echarse la culpa en momentos en que el equipo de trabajo no funciona. Para eso estás tú. Y lo haces porque crees que así te ganarás más puntos para el futuro, ¿será realmente así?

  1. Nadie se enterará de tu esfuerzo

Si siempre eres el primero en llegar y el último en irte, ¿quién se dará cuenta que eres el empleado ideal? Haz algo más coherente. Si de verdad no quieres pasar inadvertido, llega unos minutos más tarde que tu jefe y retírate unos minutos antes que él.

Ese es el suficiente tiempo como para despedirte de él y que comience a flotar tu nombre para un futuro ascenso en su mente. Si no, sólo integrarás la enorme lista de héroes anónimos que han muerto a favor de ideales inalcanzables.

  1. Mal acostumbrarás a los demás

Ni se te ocurra llegar tarde un solo día. O mucho menos, pedir permiso para salir temprano para ver la actuación de tu hijo en el colegio. Posiblemente tu jefe o un compañero te diga algo como esto: “¿Qué pasó Juancito, sin ganas de trabajar?”

La gente tiende a ver el vaso medio vacío que medio lleno. Así que estarán más atentos a tus tardanzas y permisos que a tu acostumbrada rutina de llegar a tiempo y retirarte tarde.

Vía: inc.com
Foto: infocif.es