Conoce el campus para niños emprendedores que sueña con crear al nuevo Mark Zuckerberg

Lejos de ser una estancia con tutores que asignan tareas como las escuelas, este lugar promueve la cultura emprendedora desde la más tierna infancia a base de juegos.

Este campus, que nació de la mano de la Fundación Promete, es una organización dedicada a la innovación educativa fundada hace cinco años en Madrid y ya ha sido acogido en ciudades como Logroño o Pamplona.

Se trata de un proyecto de desarrollo del talento creativo, dirigido a niños y jóvenes de entre ocho y dieciocho años. Allí, los niños se divierten mientras aprenden “con la ayuda de ‘coaches’ y profesores, que les apoyan y realizan un seguimiento educativo, y emprendedores que les aportan la visión profesional y cómo ellos han puesto en marcha proyectos similares en la vida real.

Educación emprendedora

De tal modo que el arte, la ciencia, la tecnología, la música o la palabra son algunas de las ocho áreas que pueden escoger los niños para llevar a cabo un proyecto que, además de permitirles descubrir lo que les gusta, les ayuda a reforzar su autoestima.

“Es una experiencia, para ellos, transformadora, porque además de que tienen la oportunidad de hacer lo que quieren y de desarrollar su proyecto, es un espacio donde los chicos pueden mirar hacia dentro y conocerse a sí mismos, descubrir sus intereses”, explica Olga Caudevilla, responsable de estrategias para el acompañamiento de Fundación Promete.

Para los padres, el gran atractivo del campus está en el objetivo que persigue: fomentar las vocaciones tempranas. ¡Y tanto que son tempranas! ¡Algunos tienen ocho años! La fundación es consciente de ello y, por eso, antes de iniciar las dos semanas de estancia emprendedora, un ‘coach’ se reúne con cada alumno para descubrir qué le entusiasma.

Tratamos con esa primera conversación de que él descubra qué cosas le gustan, que nos cuente cómo se ve de mayor, cuáles son sus sueños. Curiosamente, muchos dicen que no están acostumbrados a que se les pregunte eso. Cuando se hace, sí que saben lo que les gusta. Incluso al que no lo sabe, la pregunta se le queda grabada”, añade Caudevilla.

Lo cierto es que el secreto está en la motivación. “Entendemos esta vocación temprana como un medio fundamental para el desarrollo personal, como la fuente de energía que alimenta el trabajo diario y la adquisición de unas competencias en las que se busca lograr la excelencia”, asegura la educadora.

El garaje de emprendedores

El día en el campus comienza a las nueve y media de la mañana. A las diez, cada alumno, con la ayuda de un profesor y un ‘coach’, se pone manos a la obra con su proyecto. Por la tarde, entre las cuatro y las seis, los jovencísimos emprendedores siguen desarrollando su idea y, a las ocho, la presentan delante de sus compañeros. El ingenio que derrochan no suele pasar desapercibido.

Todos impresionan porque ves el primer día cómo llegan y luego cómo van cogiendo confianza, cómo se van motivando y cómo, también, algo muy importante, van colaborando entre ellos. Para mí, eso es la magia del campus: cómo desarrollan su proyecto y se piden ayuda y, al final, hacen unos proyectos maravillosos”, comenta Caudevilla.

Además de las diferentes áreas que componen el campus, éste cuenta con cuatro “agencias”, unos espacios que, en lugar de acoger a los estudiantes, les prestan sus servicios. Hay una que llama mucho la atención: el ‘garaje de emprendedores’.

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Es una actividad en la que los alumnos reciben la visita de emprendedores de éxito de diferentes áreas, que les relatan sus experiencias en primera persona y les ayudan a identificar los valores del emprendimiento, con el objetivo de que tengan una visión más clara sobre cómo llevar, en un futuro, su proyecto personal.

En definitiva, las actividades del campus no se alejan demasiado de las que lleva a cabo un auténtico emprendedor. Allí comparten más semejanzas que diferencias, ya que todos ellos tienen un espíritu afín, en el que la ilusión, la motivación, el compromiso y el desarrollo personal se convierten en pilares fundamentales para su desarrollo, tanto profesional como personal.

Precisamente, cada verano (Europa), entre junio y julio, estos emprendedores en potencia descubren su vocación con un proyecto que, quién sabe, puede llegar a ser la primera línea de un currículum como el de Steve Jobs, Jeff Bezos o de Amancio Ortega. Un pasatiempo más edificante que el típico campamento de verano.

Vía:eldiario.es

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