¿Cuál es la gran diferencia entre el estrés y la presión?

superar el estrés

A menudo hemos escuchado frases como: “trabajo en una oficina de mucha presión” y “tengo un trabajo muy estresante” que se usan indistintamente como si el estrés y la presión son exactamente lo mismo.

Pero según el Ph.D. Hendrie Weisinger, psicólogo de renombre mundial y autor de Performing Under Pressure: The Science of Doing Your Best When It Matters Most hay una diferencia fundamental entre el estrés y la presión.

El estrés se refiere a una situación donde existen demasiadas demandas y pocos recursos –como tiempo, dinero, energía– para cumplir con ellas. Mientras que la presión es una situación en la que uno percibe que algo importante depende del resultado de su desempeño.

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De esta forma, el estrés puede implicar una variedad de problemas que conducen a sentimientos de sobrecarga. Una reunión que empieza tarde, una larga lista de correos que debe responder, y varios plazos inminentes que deben cumplirse puede causar una buena cantidad de estrés. Pero eso no significa que uno esté bajo presión.

La presión implica sentimientos de ansiedad y a veces temor, que se relacionan con situación que consideramos de “vida o muerte”. En otras palabras, cuando solo tiene una oportunidad para conseguir algo –como rematar el penal definitivo en la final de la Copa del Mundo. Es común sentir presión durante una presentación ante un cliente o en una entrevista de trabajo.

Cómo responder al estrés y la presión

Weisinger explica que distinguir entre el estrés y la presión da lugar a diferentes cursos de acción. En una situación de estrés, el objetivo debe ser sentirse menos abrumado, pero en una situación de presión, tener un desempeño exitoso es la meta.

Uno tiene un montón de opciones cuando está bajo estrés. Tal vez pueda ir a dar un paseo para reducir el estrés después de un largo día en la oficina. O tal vez puede poner a trabajar a sus endorfinas con un poco de ejercicio o incluso tomarse un día libre. Hay muchas maneras de reducir la carga y manejar su estrés.

Pero si no se entiende la diferencia fundamental entre el estrés y la presión, existe el riesgo de hacer que cada pequeño inconveniente parezca una situación de presión.

Si siempre tiene la idea de que está bajo presión, entonces creerá que debe tener éxito todo el tiempo. Eso es mucha presión. Weisinger señala que esta “distorsión” puede hacernos sentir como si siempre estamos “bajo gran presión”. Cuando todo parece súper importante nuestra angustia se intensifica innecesariamente.

La buena noticia es que todos tenemos la capacidad de reducir las reacciones inadecuadas frente al estrés y la presión. Aprender a controlar los pensamientos distorsionados, reducir las agitaciones nocivas y disminuir las acciones impulsivas son solo algunas de las claves para reducir nuestros sentimientos de angustia.

Vía: Forbes
Foto: complejob.net

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