Esta es la regla de las dos horas de los genios para ser más creativos

Aunque para muchos se trata de un don, la realidad es que la creatividad siempre puede ser estimulada y potenciada con el fin de tener una mayor capacidad para inventar o crear nuevas ideas.

La historia de cómo Isaac Newton descubrió la teoría de la gravedad es bien conocida: el físico se encontraba descansando al aire libre, en su casa de campo cuando vio caer una manzana.

Pero la fruta no le cayó en su cabeza, como aseguran las versiones apócrifas de la historia. Y es que no fue la casualidad la que condujo al inglés a uno de los hallazgos más importantes de la historia del hombre, sino la contemplación.

Y esto porque si no hubiera estado descansando una tarde del verano de 1665, y por ejemplo, se hubiese encontrado en su laboratorio, quizá no se habría preguntado por qué la manzana caía siempre de la misma manera.

Pero Newton no ha sido el único que ha cambiado la historia sin pretenderlo. Algo semejante ocurrió con Arquímedes cuando, en el siglo tres ante de Cristo, descubrió al meterse en la bañera el célebre principio que hoy lleva su nombre.

Recordemos también a Albert Einstein, que arrastraba una merecida fama de soñador, o el filósofo Friedrich Nietzsche, que acostumbraba a caminar varias horas todos los días porque consideraba que los mejores pensamientos eran los de la calle.

La rutina de los 120 minutos

Actualmente, a nadie se le ocurre detenerse en mitad de su jornada laboral para decirle al jefe que va tomarse un descanso para pensar; así que debe buscarse otra estrategia. Para ello, se propone la “regla de las dos horas”, que consiste básicamente, en dejar la mente vagar durante un período de dos horas todos los jueves.

Precisamente, en un artículo en el portal elconfidencial.com, el periodista online Zat Rana, asimila esta técnica de los genios de la antiguedad para ser más creativos y productivos para aplicarlo a la vida cotidiana.

Rana señala que se necesita eliminar todas las distracciones, sobre todo, apagar el teléfono móvil, y tener solo a mano una libreta y un bolígrafo. Aunque puede parecer mucho tiempo, se debe recordar que no todo será productivo y que es posible que se tenga la sensación de que la mayor parte se lo ha malgastado.

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Pero, no sucede nada: es una condición necesaria para que las buenas ideas que de otra forma no se nos habrían ocurrido, comiencen a brotar. “Puedo decir con toda sinceridad que es la actividad más rentable de mi vida. Me ayuda a equilibrar el corto plazo con el largo. Identifico los problemas antes de que lo sean, y me he topado con ideas o formas de optimización que no se me habrían ocurrido de otra manera“, asegura Rana.

A ello agrega que debe tenerse un cuestionario con varias preguntas, entre las que se encuentran “¿me gusta lo que hago o simplemente sigo adelante?”, “¿qué oportunidades podría aprovechar y no lo estoy haciendo?” o “¿qué tiene más probabilidades de ir mal en los siguientes seis meses de mi vida?”

Lo importante no son tanto estas cuestiones como lo que ocurre una vez hemos reflexionado sobre ello y nuestra mente empieza a ver las cosas con perspectiva: es entonces cuando empieza a vagar y las buenas ideas (las que marcan la diferencia, la que nos guían en nuestro día a día) comienzan a surgir.

“No importa lo liados que estemos, la mayoría de nosotros malgastamos mucho tiempo en cosas triviales que no aportan nada a nuestra vidas. Si una persona media gasta dos horas al día en redes sociales, unas pocas a la semana para organizar tu vida no es pedir demasiado. Es un precio muy pequeño para una recompensa tan grande”, concluye finalmente el periodista.

Vía: elconfidencial.com

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