No conviene ser demasiado inteligente en el trabajo

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Cuando uno decide ascender a alguien siempre trata de que el elegido sea el más inteligente, porque supones que dicha acción es la correcta. Pero ¿siempre el más inteligente es quien nos traerá mayores beneficios?

En las empresas la inteligencia es buena siempre y cuando esté limitada. Es decir, debe estar en un nivel mínimo necesario. Mucha inteligencia puede resultar un inconveniente.

Es evidente que las aptitudes que se le pidan a un empleado están en sintonía con las necesidades que su puesto requiere. Por ejemplo, hay personas con un alto grado de inteligencia que se desempeñan como investigadores, programadores y analistas. Estos empleados, por el tipo de labor que desempeñan, no necesitan grandes cuotas de nivel de simpatía. Muy bien sabemos que la carencia de sus habilidades interpersonales no causará daños a los demás ni influenciará negativamente en su trabajo.

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Por ello volvamos a pensar en la pregunta señalada en un principio: ¿Un gerente debe ser absolutamente inteligente?

No se trata de saber, se trata de convencer

Uno de los inconvenientes que poseen las personas inteligentes es que en su mayoría piensan que saben más que el resto. Tal vez aquello sea verdad, pero eso no es lo que se necesita a la hora de convencer a los demás.

A los inteligentes les cuesta asimilar que los otros no vean el mundo como ellos lo ven. Les es difícil de aceptar que los demás no se alineen inmediatamente a sus propuestas.

Como vemos, esto es perjudicial en el trabajo, porque en el ámbito laboral no se trata de imponer, se trata de convencer.

No siempre son los más eficaces

Pensemos en un gran jugador de básquetbol como Michael Jordan. Es el más grande en este deporte a lo largo de la historia. Pero él nunca ha podido dirigir con éxito una organización deportiva de baloncesto. Caso similar se puede observar en Wayne Gretzky (la leyenda del hockey canadiense), ya que como director técnico nunca llegó a sobresalir lo más mínimo.

¿A qué se debe esta paradoja? Una de las respuestas más claras es que ahí ellos necesitan saber supervisar y no tanto demostrar sus habilidades de genios.

En Singapur ha existido la misma figura, ya que la compañía Creative Technology tenía un productor tecnológicamente superior al iPod lanzado por Apple, pero nunca se consolidaron como lo hizo la empresa de Steve Jobs. La moraleja: no siempre se impone la mejor tecnología, de igual forma no siempre las personas inteligentes tienen éxito.

Por ello confiar ciegamente en el más inteligente y habilidoso no siempre es la opción correcta. En la práctica la inteligencia es sólo un recurso que sólo queda en la teoría.

¿Tú qué piensas al respecto? ¿De verdad sientes que la inteligencia es incompatible con estas épocas empresariales?

Vía: elcomercio.pe

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