En las empresas nadie es imprescindible

En las empresas nadie es imprescindibleHoy en día, es un mal dejefes y empleados que conduce habitualmente al ridículo. La cuestión no es qué debemos hacer para dejar de ser prescindibles, sino cómo podemos afrontar el hecho de que ninguno de nosotros somos realmente insustituibles. Debemos vivir y trabajar con ello.

Quizá debería dejar de preocuparse por buscar soluciones al hecho de que usted es prescindible y tendría que ocuparse en la manera de afrontarlo. Esto se soluciona, básicamente, reinventándose y añadiendo valor. Pero sin creerse insustituible.

Ovidio Peñalver, director general de Isavia, explica que “aún asumiendo esta condición, es necesario añadir valor: el optimismo es uno de estos méritos, porque todo el mundo quiere estar con optimistas inteligentes. También lo son el compañerismo y la entrega; la proactividad (dar ideas y ser creativos); o hacer crítica constructiva”.

Está claro que siempre habrá alguien que pueda llevar a cabo la tarea que usted realiza, sobre todo si ésta no es muy cualificada. Si es un alto mando y detecta que no pasa nada en su organización después de una ausencia prolongada, tendrá que reconocer sin aspavientos que, o esa tarea suya tan precisa no resulta tan necesaria, o usted no es tan insustituible como parece, o como cree.

En general, debe evitar ser de esa clase de profesionales que no permiten o no aceptan que todo funcione sin ellos durante una temporada; ni de los que temen tanto a no ser necesarios que ni se toman vacaciones o se pasan sus días de descanso llamando al trabajo para ver si todo va bien. Seguro que todo va bien.

Jorge Cagigas, socio de Epicteles, introduce un elemento de relatividad: “Debemos analizar para quién es imprescindible uno mismo. Si nos vamos a un ejemplo actual, Pep Guardiola ha considerado que no era ya imprescindible para la organización (el Barça), pero Pedro (uno de sus delanteros) declaraba recientemente que su entrenador era imprescindible en su carrera”.

Fuente: Expansión

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