La verdad no revelada sobre los corredores de bolsa

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La reciente cinta hollywoodense El lobo de Wall Street nos recrea un escenario donde los corredores de bolsa son jóvenes profesionales que obtienen todo lo que quieren con el mínimo sudor posible. Grandes autos, fiestas esplendorosas, lujos por doquier, y hasta cocaína, son parte del diario vivir de un profesional dedicado a este rubro. Sin embargo, la realidad dista mucho de la ficción, tal como lo señala el periodista norteamericano Kevin Roose.

Lo único que vincula ambos lados de la historia es que sí, se tratan de jóvenes profesionales ligados al mundo de la banca, que ganan la nada despreciable suma de $ 100.000 dólares anuales en promedio. Un salario por encima de muchos otros profesionales estadounidense que recién salen al mercado laboral. Sin embargo, ahí acaba toda la alegría.

Tras diferentes entrevistas a corredores y ex corredores de Bolsa, Roose detectó que casi todos estos profesionales estaban completamente insatisfechos de su trabajo. En primer lugar, el tiempo no les alcanzaba ni para grandes fiestas ni para compartir con su familia. Casi 100 horas de trabajo semanales (en un país en donde el promedio es de 40 semanales), encerrados en oficinas sacando cuentas y balances, revisando una y otra vez los mismos papeles, hacían replantear seriamente sus decisiones laborales.

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Como corredores novatos no tenían decisión propia. Cada error era sumamente criticado por sus superiores, hasta tal punto que eran amonestados en público severamente. Pasaban días enteros sin poder regresar a casa, a sabiendas que su futuro profesional se jugaba bajo el siguiente movimiento bursátil. Ni pensar en enfermarse, pues la turbación generada por un posible despido era peor que el mismo trabajo en Wall Street.

Tan insostenible se volvió la situación para algunos corredores, que según cita Roose, un joven agente de Goldman Sachs sopesó la posibilidad de hacerse atropellar por un vehículo, para así tener unas semanas fuera del agobio de sus empleadores. Otro agente, que tenía un contrato por dos años con un banco especializado en temas bursátiles, activó un mecanismo regresivo en su despertador, que le indicaba cuantos días, horas y minutos le faltaba para abandonar su empleo.

¿Y cómo creen que se sentían estos jóvenes corredores cuando tenían que volver al trabajo luego de un día de pérdidas en Bolsa? No sentían ánimos para nada. Solo la posibilidad de que con ese empleo pudieran acceder a escuelas de negocio importantes o a fondos de cobertura, los hacían volver en sí, y a no renunciar inmediatamente.

¿Qué valora más? ¿Un empleo bien pagado pero sin gozar de él? ¿O uno con baja remuneración, pero con alta satisfacción? Ningún extremo es bueno, pues nada en la realidad se parece a la ficción.

Vía: cnnexpansion.com

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Autor entrada: Equipo Pymex LM

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