Los despidos de los trabajadores en las empresas

Hoy en día, rescisiones de contrato a diario, despidos procedentes e improcedentes, desprenderse de parte de la plantilla de las empresas. A diario se suceden estas escenas en numerosas compañías en el mundo. Si bien siempre sentimos pesar por el despedido, el papel del “despedidor”, la persona encargada de ejecutar ese despido, no es nada agradable.

Este momento puede hacerse menos traumático si la persona que efectúa el despido está entrenada para ello. Tal y como se sostiene desde Aflora, consultora especializada en ofrecer servicios de Coaching, desarrollo y transición profesional, al final, las dos partes saldrán ganando, puesto que la empresa podrá mantener una buena imagen y el empleado, no percibirá de forma tan hiriente el proceso de desvinculación sino que lo percibirá como un punto y seguido en su carrera profesional.

“El desvincular a una persona exige estar preparado, no sólo con los papeles del finiquito sobre la mesa y un buen paquete de kleenex, sino teniendo el mensaje muy interiorizado y saber de gestión emocional”, comenta Ángeles de la Flor, Coach y Socia Directora de Aflora. “Es uno de los aspectos que más estamos tratando últimamente cuando “coacheamos” a los directivos que han de verse implicados en estos procesos de comunicación de salida”.

Y es que, si bien el momento del despido nunca puede llegar a ser un momento agradable, si puede ser un momento cuidado y en el que se atienda en todo momento las necesidades que la situación requiere. “Un despedidor” ante todo tiene que ser persona, y saber que es un proceso que puede llegar a ser muy doloroso, por tanto hay que cuidar a la persona como lo que es: alguien que durante un tiempo ha estado dando un servicio a la compañía y que, por el motivo que sea, ya no tiene sentido su continuidad en la empresa”.

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Asimismo, tal y como sostiene de la Flor, “muchos gerentes responsables del despido tienen una clara preferencia por el candidato “sonrisa-no pasa nada”, es decir, aquel que, en el momento del despido aparentemente se lo toma bien, cuando en el fondo no ven que esta reacción puede entrañar muchas más dificultades que la temida “reacción shock”. La “reacción smile” a menudo conlleva una falta de “darse cuenta” de lo que está aconteciendo o no querer mostrar el verdadero impacto de la noticia, pero tarde o temprano el despedido caerá en la cuenta de que ha perdido su empleo y será el momento de esperar su reacción. No salirse del mensaje común, el pactado por la compañía, asegura de la Flor, ayuda a no caer en tentaciones de personalizar su despido o culpabilizarle de acciones vinculadas con su desempeño.

Fuente: Muy Pymes

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