Los malos jefes y peores empleados

Los malos jefes y peores empleadosPor lo general, hoy en día, la oficina es una jungla en la que, a menudo, hay que defenderse para no ser devorado por colegas, directivos, jefes. En caso de conflicto, ¿existe algún culpable? Lo que está claro es que no hay inocentes.

Los que mandan caen en la tentación de colgarse medallas ajenas y la mayoría ha hablado alguna vez mal de su empresa en público. Nadie está exento de culpa.

En la empresa, como en la vida cotidiana, no faltan ejemplos que muestran cómo determinados comportamientos ponen en jaque el trabajo, tanto individual como colectivo. Y nadie se libra. Jefes y colaboradores pasan largas jornadas codo con codo y, en muchas ocasiones, no son conscientes de cómo les afecta el ambiente emocional que les rodea. Pereza, soberbia, mentiras, robos de proyectos ajenos, etcétera, son algunos de los pecados que se cometen a diario en las compañías y empresas laborales.

Ya no se trata sólo de una percepción. Estos datos revelan que algo está sucediendo en la organización. La filosofía corporativa, los códigos éticos y la comunicación son algunos de los pilares que deben soportar a cualquier compañía para evitar que se produzcan determinadas situaciones que minan la productividad de un equipo. Porque la culpa no siempre es del jefe, y los empleados también tienen mucho que decir para que todo funcione.

Muchos de estos deslices en el puesto de trabajo derivan de una cultura empresarial basada en la competición donde cada uno intenta destacar de manera individual y en la que sólo cuentan los resultados.

Empresas que aún funcionan con normas de otra época, en las que el ambiente laboral negativo, burocrático y enemigo de riesgos puede corroer la competitividad. Otros tantos se deben al arcaico organigrama que define todavía a ciertas empresas tradicionales, en las que no se contempla el tipo de liderazgo asentado en la cooperación y la comunicación y sí el ‘yo soy el jefe, yo mando’.

Fuente: Expansión.com

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