Los más terribles miedos de un oficinista

Mayores de edad, independientes económicamente, con una profesión universitaria ya culminada, ¿y aún con miedos infundados? No es extraño que un oficinista sienta miedo de sostener una conversación larga con su jefe. Los jefes no son cucos ni seres venidos desde el corazón del infierno, son personas de carne y hueso que también saben conversar y entender la situación de sus empleados. No hay que temerles. Veamos algunos casos en los que los oficinistas demuestran su pánico:

  1. Agendar una cita con el jefe

¡Qué terror! Muchos oficinistas preferirían visitar una casa embrujada durante una noche oscura que cometer la insolencia de pedir una cita con su jefe. “Vaya, si para eso están ellos (los jefes)”, piensan los oficinistas. Creen erróneamente que le jefe se va a molestar con ellos porque están perdiendo valioso tiempo de su apretada agenda. En realidad, sucede todo lo contrario. A los jefes les gustan las personas con iniciativa, que sean capaces de demostrar su verdad cara a cara y sin nadie como intermediario.

  1. Hacer una llamada telefónica

El correo electrónico no reemplaza a una llamada telefónica. Una llamada telefónica no reemplaza a una conversación frente a frente. Tengámoslo claro. Los oficinistas ahora tienen un miedo terrible a hacer una llamada. Piensan que el teléfono es demasiado intrusivo. La comunicación por correo no es eficiente. Nadie va a tomar en serio tu solicitud si solo lo haces por correo. Piénsalo.

  1. Hacer algo de lo que no está 100% seguro

Las dudas son parte de la naturaleza humana. ¿Cómo nos sacamos esas dudas? Preguntando. No hay otra forma más razonable y sencilla. Sin embargo, el oficinista común se arma unos atolladeros terribles con este tema. Tan fácil que es terminar un trabajo y entregar dicho trabajo al jefe para que le dé una revisión inicial. No pecas de incompetente, eres más bien, un trabajador diligente.

  1. Preguntar al jefe

Esta situación sí que es la máxima cúspide a la que puede llevar el miedo a un oficinista. El simple hecho de dirigirle la palabra al jefe ya le causa escozor. Es mejor ir a un especialista, porque podríamos estar ante un caso clínico. El oficinista tiene que aprender que si no sabe hacer algo bien, tiene que decirlo y dejarse guiar por aquellos que sí saben. Así ganan tiempo tanto él como la propia organización.

  1. Solicitar feedback

“Mejor le dejo el informe cuando él no esté para no recibir ninguna pregunta o reprimenda”, dice el clásico oficinista temeroso. ¿Así pretende crecer? ¿Dejando los trabajos a escondidas? La mejor forma de mejorar es aprendiendo de nuestros propios errores. Por eso, amigo oficinista, deja ya tus temores infundados. Las críticas que recibes ocasionalmente de tu jefe no es porque él sea un ogro y tú un lindo venadito que quiere vivir paz con todo el universo. Él no abusa de ti. En realidad, quiere lo mejor para ti, puesto que si eres más competente cada día, tanto él como la empresa también ganarán.

Vía: forbes.com

Foto: lifehack.org

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