Que no te arruine el empleo ser el recien llegado

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Desembarcar por primera vez en una organización y encajar en tiempo récord es el objetivo de cualquier recién contratado. Sin embargo, la integración se complica cuando es un grupo de trabajo el que llega a una empresa con intención de cambiarlo todo.

Quién no ha sido alguna vez el nuevo en la oficina? Un nuevo ambiente de trabajo, una actividad diferente y compañeros con distintos hábitos y ritmos profesionales son algunos de los miedos que surgen al incorporarse a una organización. La integración puede complicarse aún más cuando es un grupo el que desembarca en una empresa para crear un nuevo departamento o fortalecer uno que ya está en marcha. El escepticismo de los habitantes frente a los colonos que llegan es inevitable, más aún cuando estos últimos vienen con un líder a la cabeza.

Según Eva Rimbau, profesora de la Universidad Oberta de Cataluña (UOC), para evitar desestabilizar el clima laboral es clave la actitud y la comunicación. “El nuevo director y su equipo deben demostrar un genuino interés en conocer la nueva organización. Aunque se puede ver a los miembros del grupo como más fieles a su jefe que a la empresa, deberán demostrar que la compañía les importa realmente. Es necesario que hablen con los trabajadores de todos los niveles y se muestren receptivos a sus opiniones”. Tanto jefe como empleado tienen que demostrar que realmente están ahí para asumir una nueva función, no para canibalizar el trabajo ajeno.

Incorporar a un grupo de personas que se conocen de anteriores experiencias profesionales puede reportar un beneficio extra a la organización. “La ventaja es que los resultados son más predecibles. Son personas que ya funcionan, y lo más difícil de un equipo es llegar a hacerlo”, dice Ignacio de Jorge, socio de Moebius Consulting. No obstante, también señala una desventaja que el área de recursos humanos debe valorar en la contratación, sobre todo si este grupo tiene muy identificado al que manda: “Puede llegar a ser muy endogámico porque algunos se blindan frente a influencias externas a ellos y se pierde diversidad”.

Un buen ‘manager’ es alguien que selecciona talento y lo convierte en rendimiento

Otro de los riesgos que se corren con esta actitud es que el resto de la plantilla vea amenazado su puesto o responsabilidades por la llegada de los otros, con la consiguiente desconfianza. Para evitar esta situación, capaz de alimentar una buena dosis de conversaciones de pasillo, Rimbau propone “establecer grupos mixtos en los que participen empleados con cierta antigüedad y los nuevos”. Una opción que también favorece la imagen del líder del grupo recién llegado porque, como señala De Jorge, “un buen manager es alguien que selecciona talento y lo convierte en rendimiento”.

También Gema Monedero, socia directora de Ackermann Beaumont Group, piensa que bien gestionada, la incorporación de tres o cuatro profesionales que ya se conocen es un aliciente para la compañía que los recibe: “Puede ser beneficioso y enriquecer a la nueva organización con un cambio cultural que active políticas de recursos humanos y competencia interna. Además, es posible que aporten procedimientos y elementos organizativos que desarrollen aprendizajes e iniciativas diferentes”. En definitiva, otra forma de trabajar que a menudo sirve de catalizador para aumentar la productividad de la plantilla. A veces, un buen equipo en el que todos sus miembros se complementen y trabajen como uno solo puede ser más efectivo para el cambio que un excelente jefe.

Querencia versus meritocracia

La cara más amarga de un grupo que ha sido fraguado bajo el auspicio de un líder la expone Baldiri Pons, socio director de Tools4Training: “Muchos tienen querencia hacia algunas personas con las que se han acostumbrado a trabajar. Esto no es una fórmula mágica que te asegure el éxito. En gestión del talento, estamos hartos de ver cómo personas muy valiosas en la organización son adelantadas por alguien con pocas competencias pero que cuenta con el aval del nuevo jefe”.

Sin embargo, el empleado debe tener en cuenta que la mejor manera de hacer una buena carrera profesional es la meritocracia, no vale con ser amigo del que manda, hay que ganarse la confianza de la organización y, sobre todo, ser consciente de que la mayor fortaleza reside en el trabajo en equipo. Para que el grupo y cada profesional consiga la confianza del resto de la plantilla, Pons recomienda trabajar en dos líneas: el tiempo y la demostración de habilidades. “Ser abierto, colaborar, trabajar en equipo o compartir conocimientos pueden ser armas útiles para ganarse el respeto de los colaboradores más antiguos. Si demuestra que sabe hacer la tarea de forma eficiente logrará ser respetado”.

Fuente: expansion.com

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