Recursos humanos: La efectividad de un empleado

Hoy en día, ser empleado no es una maldición ni un defecto. Creo que sólo puede serlo cuando no disfrutamos lo que hacemos o cuando lo hacemos por simple inercia, sin dejar algo de nuestras neuronas en el proceso.

El verdadero reto de un colaborador es convertirse en una persona con un nivel de ejecución excelente, pues a fin de cuentas todo empleado es un vendedor, pues si no convence a su empleado debe considerar para convertirse en una fuente de valor para su organización:

Olvidarse del horario. Trabajar por horas es una forma práctica de medir el tiempo invertido, pero una manera errónea de calificar el desempeño de alguien. ¿De qué sirve que una persona pase ocho o más horas en una oficina si no da los resultados o resuelve lo que debe atender? Aunado a esto, las funciones profesionales actuales se realizan cada vez más desde lugares remotos, ya sea la oficina de un cliente, nuestra casa, un avión, un camión o diferentes lugares dentro de la empresa. En estos casos el horario no es lo importante sino el desempeño y los resultados obtenidos. Así como nuestro paradigma para medir el trabajo de un colaborador era su hora de entrada y de salida, ahora debemos medirle por el nivel de cumplimiento de sus objetivos y por qué tan relevantes son esos objetivos para la estrategia central de la empresa. Un empleado efectivo tiene sumamente claro lo que debe lograr en cierto lapso de trabajo y debe asegurarse que sus metas realmente aportan algo relevante para la organización. Lo importante, reitero, no es el horario, sino cumplir objetivos valiosos en los plazos establecidos.

Pensar como jefe y como cliente. El empleado que sólo piensa como tal, no prosperará. Necesitamos analizar nuestro desempeño y decisiones desde la perspectiva de nuestros clientes internos y externos. Hacernos preguntas como; “si yo fuera mi jefe, ¿cómo me gustaría que actuara en este caso?”; “de lo que hago, ¿qué es lo que más beneficia a mis clientes (internos y externos)?”; “¿qué puedo hacer desde mi rol que impacte positivamente lo más importante de la empresa?”; “¿qué cosas estoy haciendo que no brindan verdadero valor a la organización?”; “¿cómo puedo hacer lo mismo más rápido, más sencillo, con mejor calidad o más barato?” Un colaborador que piensa y actúa con base en perspectivas como las mencionadas pronto encontrará la puerta de las escaleras ascendentes dentro de su organización.

Tener sentido de urgencia. Postergar es una de las actividades que más suelen dañar el desempeño de una empresa. Muchas personas tendemos a dejar para después tareas y decisiones importantes. Un empleado efectivo sabe que dejar para mañana lo que se puede hacer ahora mismo puede es un pecado mortal, pues mañana llegarán nuevos retos y contingencias que deberán ser atendidas y cabe la posibilidad que volvamos a postergar lo que venimos arrastrando. Para evitar postergar es importante tomar decisiones sobre lo que tenemos facultad. Evitar citar a reuniones para todo e intentar resolver lo más posible en charlas uno a uno con las personas adecuadas. Las reuniones sólo deberían realizarse cuando es indispensable contar con las aportaciones de personas de diferentes áreas o niveles de la empresa.

Fuente: Gestiopolis.com

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