¿Se puede ser bueno en varias disciplinas a la vez?

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Siempre nos han dicho que elijamos una cosa y nos volvamos buenos en ella. ¿Y si quisiéramos ser buenos en otras cosas? ¿Es eso posible?

Hay economistas que han logrado ser excelentes cineastas. O ingenieros que han sobresalido en el campo de las novelas y los cuentos. Y por qué no hablar de los profesionales abocados al ámbito de las letras que han logrado forjarse un buen nombre en la política. Vamos a romper algunos mitos sobre la vocación y el talento. ¿Me acompañas?

El mito del talento innato

Existen y han existido genios, nadie puede dudar de eso. Cuando hablamos de genios nos referimos a personas que nacieron con ciertas características físicas o mentales para desempeñar determinada disciplina y sobresalir. Son personas excepcionales, por eso las catalogamos de genios. No hay una camada de genios, hay tan solo un genio para cada generación en cada disciplina. ¿Qué pasa con el resto?

Nuestro mundo sería muy aburrido si nos limitáramos a seguir a los genios. También sentimos un gusto especial por los buenos. ¿Quiénes son los buenos? Aquellos que sin nacer con el talento innato para determinada profesión, han logrado destacar en base a su esfuerzo, dedicación y práctica constante.

Un estudio desarrollado en Alemania por el psicólogo Anders Ericsson llegó a esta conclusión en 1990 tras tomar a tres grupos de jóvenes músicos como muestra experimental: el talento innato no existe, lo único que existe es la práctica constante.

¿Por qué limitarse a una cosa en la vida?

Es lamentable que nuestros padres, compañeros, jefes y la sociedad entera nos limiten a hacer una sola cosa a lo largo de nuestra vida. Desde hace algunos años, en el terreno de la psicología se acuñó el término “individuo multipotencial” para designar a una persona que puede desempeñarse en varios campos y destacar en ellos. Intuimos que el polifacético Leonardo da Vinci entra en esa categoría. Pero los Leonardos no se extinguieron con el Renacimiento, siguen aflorando hasta nuestros días.

Para Isaías Sharon, director ejecutivo de Smart Coach, hay que hacer una distinción entre las personas que no saben cuál es su vocación y las multipotenciales. Las primeras, aclara Sharon, se distinguen por saltar de una actividad a otra sin objetivos claros, tratando de descubrir bajo la experiencia directa cuál es su vocación.

En cambio las segundas no se encuentran en ese atolladero vocacional y, por el contrario, saben muy bien qué es lo que quieren conseguir en esos dos o tres campos que le interesan. El individuo multipotencial no se limita con soñar, invierte horas de su tiempo en ser bueno en cada una de esas disciplinas que le atraen.

Desarrollo multipotencial: un reto a tiempo completo

Cuando uno se prepara para ser abogado, médico o ingeniero, por ejemplo, destina el 70% u 80% al desarrollo de dicha actividad. Los primeros años la invertirá en sus estudios, quizás acompañado de un periodo de prácticas. Luego al egresar de la universidad, destinará gran parte de su día laboral al ejercicio de su profesión. ¿También podrá hacer lo mismo el individuo multipotencial?

Sí, pero a un costo muy alto. Es innegable que siempre existirá una disciplina prioritaria, ya sea aquella que sea de mayor interés para la persona o la que asegure ingresos a futuro. Sin embargo, el individuo multipotencial tiene que arreglárselas para fijar un tiempo para su segunda actividad (o incluso, para una tercera).

Según el estudio de Ericsson, citado líneas arriba, un individuo cualquiera necesita de 10.000 horas de práctica para volverse diestro en una materia determinada. Nadie dijo que fuera fácil ser bueno en varias cosas a la vez… aunque queda claro que imposible no es.

Vía: xatakaciencia.com / americaeconomia.com

Foto: fabrica-di.blogspot.com

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