Una nueva especie en la oficina: el enamorado del trabajo

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Y por eso es que se quedan más horas en la oficina. Y son los primeros en aceptar trabajar un sábado o un domingo. No son sujetos extraños, es más siempre hay uno en cada empresa. Son los que conocemos como los enamorados del trabajo.

Cuando estar en el trabajo se vuelve una obsesión

¿Qué sucede con esas personas que pasan más de 48 horas semanales en la oficina sin estar obligados a ello? Algunos se preguntan en la oficina si es que no tienen nada más que hacer en casa o si no les estará fallando algo en la cabeza. Pues, ni lo uno ni lo otro.

Los “enamorados del trabajo” no son una especie de génesis reciente. Ya el historiador británico Northcote Parkinson dio con este raro ejemplar allá por el lejano año de 1955.

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Parkinson argumenta que durante la época colonialista de Gran Bretaña, a medida que este país iba perdiendo colonias, aumentaban los funcionarios que trabajan en ellas. ¡Qué contradicción! Parkinson demuestra que los funcionarios adscritos a las colonias exigían más colaboradores pese a que eran menos las tareas que había que realizar.

Parkinson señala que esto responde a una especie de protección que establece el ser humano para sentirse productivo que se manifiesta en estar ocupado todo el día. Es decir, ante la falta de tareas productivas por hacer, dichos funcionarios prolongaban la labor de duración de las pocas tareas que quedaban para sentir que su puesto era completamente necesario. Un fenómeno que ha llegado hasta las oficinas de hoy.

La felicidad asociada al exceso de ocupación

Un estudio conjunto de las universidades de Pittsburgh, Florida y Columbia arrojó que algunos trabajadores buscan una dosis de trabajo extra para evitar la procrastinación mental o física negativa. Es decir, ellos sienten que si no tienen nada que hacer en la oficina o en la casa, están perdiendo tiempo valioso en sus vidas.

En realidad, son personas que no estiman en nada el concepto de “tiempo libre” como motor del cambio. Solo trabajando todo el día, perciben que están siendo realmente productivos y que están ayudando al cambio de la sociedad.

La diferencia entre estar ocupado y ser productivo

Timothy Ferriss sugiere que antes de comenzar nuestro día laboral establezcamos las tareas que tenemos que hacer. ¿Son todas esas tareas realmente productivas? ¿O solo están para llenar el día? En las respuestas a ambas preguntas radica la diferencia entre ocupación y productividad.

Hay que aprovechar el tiempo, cita Ferriss. Y el “tiempo libre” es parte del buen aprovechamiento del tiempo. Por ello, el “enamorado del trabajo” debe desterrar esas tareas que realmente no conllevan a una mayor productividad a favor de la empresa. ¿Cómo cuáles?

Revisar varias veces el correo electrónico, responder todas las llamadas telefónicas, asistir a todas las reuniones o convocar a reuniones rutinarias, deben ser políticas que el “enamorado del trabajo” debe evitar.

Y, ¿qué debe hacer con ese nuevo “tiempo libre”? Dedicarlo a sí mismo. Un pasatiempo, una afición o reunirse con amigos fuera del trabajo pueden ser excelentes alternativas para vencer ese extremo apego a la oficina.

Vía: caminosquenollevanaroma.wordpress.com / gestion.pe
Foto: gananci.com