Adoro a mis clientes

Cliente externo vs Cliente interno.

cliente tiene la razon

Es más, “los atesoro”, dicen. Y se ha vuelto un mito para toda empresa que nace, crece y…desea seguir creciendo, que los clientes siempre tengan “la razón”. Y no está demás decirlo: Incluso, hay mucho a favor de la tesis de sacrificar empleados por la tranquilidad de los clientes.

Ahora bien, cualquiera que ha bregado en la tarea de formar un negocio y más tarde una pequeña organización, está muy enterado de que el retorno proviene de nuestros clientes externos. De aquellos que adquieren el producto o servicio que producimos y le brindan un valor pecuniario – suponemos – que así valoran nuestro trabajo. Por eso los adoran.

Pero, no es del todo cierto. Si vamos más allá, daremos cuenta que el cliente externo es – en su mayoría – indiferente  al periplo que demanda hacer desde una “minúscula” chocoteja, hasta un lustroso auto del año. Al consumidor final, finalmente le importa que aquello que no era suyo lo sea y fin del proceso.

Tal como lo expongo, es nefasto considerar que nuestro principal cliente es aquel que deposita unas monedas y engorda nuestra alcancía; y cuenta más que aquél que comparte la esencia de nuestro esfuerzo.

Ése individuo es aquél que de la mano, se ha comprometido en plasmar los sueños del ideador y trabaja para hacerlo prosperar. El cliente interno (o colaborador, si se quiere) es nuestra meta a corto o a largo plazo – como ustedes lo quieran ver – pero meta al fin.

Prefiero atribuir  estas malas prácticas a las malas experiencias, antes de que sean los esquemas mentales anacrónicos los que limitan una visión organizacional saludable. Aunque para muchos negociantes y pseudoempresarios la idea de trascendencia les suene a fruslería o propósito subalterno, nuestros clientes internos, y su talento, son los que realmente agregan unos ceros a nuestras cuentas, años de vida a nuestro negocio y reconocimiento por un buen proceder.

 

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