3 razones para entrenar sólo 30 minutos

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Sales de la oficina a la casa y de la casa y la oficina, y cuando pasas frente a un gimnasio  te preguntas, ¿cómo hacen esas personas para entrenar, trabajar, e incluso, estudiar en un solo día?

Seguramente crees que para tener una figura más o menos atlética, una persona requiere entrenar 3 a 4 horas al día como un deportista de élite o un fisicoculturista, pero eso no es cierto.

Quizás sea cierto para algunos gurús de las pesas o revistas “especializadas”, pero con solo media hora al día puedes lograr los mismos o mejores resultados que uno que entrena durante horas en el gimnasio, sin perder tu foco de atención en el trabajo o los estudios.

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Aquí te mostraremos las ventajas de entrenar menos pero con mayor intensidad.

  1. Mejora tu salud cardiovascular

No son las largas rutinas las que mejoran la resistencia de tu corazón, sino más bien las pequeñas sesiones de entrenamiento, como las que ofrecen el crossfit y el sistema HIIT. En ambos casos solo requieres de 30 minutos de ejercicio, eso sí, con escaso descanso entre series, pero con los mismos resultados de una rutina Weider o Full Body tradicional de una o dos horas de duración.

Lo mejor de todo es que estos nuevos sistemas de entrenamiento intenso ayudan a que no solo tus músculos entrenen, sino también tu corazón, pues al tener menos tiempo para reponerse entre ejercicio y ejercicio, se ve obligado a incrementar el flujo sanguíneo, haciéndose más grande y fuerte en comparación al promedio de las personas. Y sin perder más tiempo de tu preciado día.

  1. Quema las grasas de tu cuerpo de forma más rápida

Bien dicen que en materia de entrenamiento físico no importa cuánto, sino el cómo. Y ello responde a una situación muy sencilla: A nuestro cuerpo no le interesa cuánto tiempo entrenemos, sino más bien la intensidad del entrenamiento. Es por ello que tantas rutinas “quemagrasas” fracasan. Gran parte de ellas olvida la intensidad para preferir la cantidad.

Cuando tu cuerpo ingresa a un estado en el que apenas puede moverse, los ácidos grasos de tu cuerpo abandonan su lugar habitual para mezclarse con tus flujos sanguíneos, provocando que de a pocos se noten menos esas “lonjitas” molestas frente al espejo. Pero todo responde a una lógica sencilla: A más estrés aeróbico y anaeróbico, mayores posibilidades de eliminar la grasa subcutánea del cuerpo.

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