Economía del compartir: ciudadanos vs. grandes empresas

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Ahora los grandes tiemblan ante los chicos. Un fenómeno sin igual se vive en el mundo. Es la denominada economía del compartir. ¿Tienes algo que te sobre en casa o tienes tiempo libre en la mañana? Entonces, puedes ofertar tu producto o servicio por Internet sin tener que abandonar tu empleo actual. Ganas tú al obtener un dinero extra que no cae para nada mal, gana el cliente, puesto que consigue un producto o servicio más barato que los que ofrecen las grandes compañías. En conclusión, ganan todos, ¿o no?

SURGIMIENTO DE LA ECONOMÍA DEL COMPARTIR

Año 2008. Crisis económica mundial. Muchas empresas en Norteamérica y Europa quiebran. Las del Tercer Mundo no se quedan atrás, quedan resentidas financieramente. Los empleos disponibles son cada vez menores. Los salarios caen. La gente se pregunta ¿y ahora qué hacer? Es así como surge la economía del compartir.

¿Cómo surgió? Un desempleado tenía una impresora en casa, y se le ocurrió ofrecerlo en alquiler vía Internet. Otro tenía menos dinero para vivir cada mes, pero sí un vehículo en buenas condiciones, porque no ofrecerlo para servicios de taxi personalizado. Otro contaba con unas habitaciones libres en casa, y con la hipoteca hasta el cuello, así que decidió hacer un hospedaje para turistas. Y así surgieron las alternativas de la economía del compartir.

LA PROFESIONALIZACIÓN DE LA ECONOMÍA DEL COMPARTIR

Han pasado pocos años, sin embargo, la economía del compartir va adquiriendo una estructura empresarial ideal. Uber, Lyft, Realy Rides, Airbnb, TaskRabbit, Fiverr, Mechanical Turk son sólo algunos ejemplos del profesionalización que han alcanzado estos servicios caseros. Tanto así que ahora amenazan al sector financiero, a través de negocios como Kickstater o Lending Club, dos modelos que subvencionan a empresas ofreciendo tasas de interés menores a los de cualquier banco.

Forbes estimó en el 2013 que la economía del compartir había generado unos 3.500 millones de dólares en el mundo. Aún no se mide el impacto en el 2014, pero seguramente va a ser mayor, teniendo en cuenta que muchos otros países se han sumado al modelo propuesto de la economía del compartir. Sólo durante el último Mundial de Fútbol, unos 100.000 turistas lograron obtener alojamiento, no en el sector hotelero tradicional, sino en modestas casas de pobladores brasileños.

EL CONTRAATAQUE DE LAS GRANDES EMPRESAS

No sólo tuvieron que enfrentar la crisis del 2008. Nunca se imaginaron que vendría una ola igual de impactante. ¿Cómo competir contra los menores precios que ofrecen los ciudadanos comunes, esos que alquilan su TV, ofrecen servicio de limpieza en sus horas libres, o hacen el servicio de taxi por su zona? ¿Cómo han reaccionado las grandes empresas?

En los Estados Unidos, las empresas han lanzado sus más severas críticas. Consideran que la economía del compartir es abusiva, pues a diferencia de las grandes empresas, los involucrados en este tipo de negocios no pagan impuestos al Estado.

No sólo eso. Las empresas indican que no se puede competir contra ciudadanos que no les interesa la rentabilidad de sus prácticas, que a ellos les da igual ganar o perder dinero. Y además, consideran que el Estado debería negar el acceso a la información sobre los patrones de compra de los consumidores, ya que entrarían en igualdad de condiciones con ellos. Aún el Gobierno norteamericano no se pronuncia sobre el impacto que generaría la economía del compartir sobre las grandes empresas.

ARGUMENTOS POR DISCUTIR

¿A quiénes se debería proteger? ¿A las grandes empresas? ¿O se debe dejar que los ciudadanos puedan generarse ingresos extra sin inconvenientes? El tema está en el candelero. La problemática abarca mucho más que los impuestos. Por ejemplo, encontramos que la necesidad no puede estar por encima de la calidad del servicio o producto elegido. Sin embargo, ¿cómo negarles a esas personas la posibilidad de tener un poco más de dinero a fin de mes?

Vía: Project Syndicate

Foto: enpositivo.com

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