Cinco obstáculos a la recuperación económica

La palabra recuperación económica comienza a ser usada con mayor soltura por políticos y medios de prensa. Entre los optimistas figura el presidente Barack Obama, el primer ministro de China Wen Jiao Bao, el Banco Central de Europa y los mercados bursátiles del mundo que vienen registrando ganancias sostenidas en las últimas semanas.

Una serie variopinta de datos positivos sostiene este optimismo: ganancias de bancos estadounidenses y europeos en el primer trimestre del año, aumento del empleo en China, recuperación de Wall Street y de los préstamos hipotecarios en el Reino Unido.

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Sin ánimos de ser aguafiestas, BBC Mundo ha hallado cinco factores de peso que podrían atentar contra una recuperación económica.

Como observará el lector la mayoría se refiere al sector financiero, causante primordial de la crisis:

1) Activos tóxicos bancarios:

Nadie sabe a ciencia cierta cuántos activos tóxicos -o deuda incobrable- hay en el sistema financiero.

Según el Fondo Monetario Internacional estaríamos hablando de más de 2 millones de millones de dólares, pero en un reciente encuentro de ministros de finanzas europeos circuló una cifra muy superior – 16 millones de millones – que supera el PIB de Estados Unidos o los 27 países que conforman la Unión Europea.

Mercados vinculados a las hipotecas de alto riesgo sub-prime como los de “credit default swaps” (CDS) y los CDO (Collateralised Debt Obligation) produjeron pérdidas descomunales que todavía no han sido medidas o explicadas con claridad.

Para dar una medida de su dimensión, el mercado de los CDS (seguro extremadamente especulativo adquirido por “A” en caso de que “B” vaya a la bancarrota) saltó de alrededor de un millón de millones a 58 millones de millones en 2007 (es decir, más de cuatro veces el PIB de Estados Unidos).

El examen de los 19 bancos más importantes de Estados Unidos difundido el 6 de mayo halló que 10 necesitan un total de 75 mil millones de dolares para sobrevivir si la situación actual se deteriora (si el desempleo supera el 10 % y el PIB cae en un 3,3%), pero no mencionó los activos tóxicos.

2) Supervisión real de los bancos:

Hasta que la crisis estalló de pleno en septiembre de 2008 los bancos mostraban una fachada envidiable que escondía un turbulento paisaje interior. La opacidad de la fachada era esencial: los reguladores no podían lidiar con la complejidad de los instrumentos financieros y los sofisticados sistemas de contabilidad bancaria.

La situación no ha cambiado.

En abril Goldman Sach, JP Morgan Chase, Citigroup y el Bank of America entre otros sorprendieron al mundo anunciando ganancias de miles de millones de dólares para el primer trimestre del año. Según varios analistas económicos, estos resultados muestran que los bancos siguen practicando con entusiasmo la inversión de altísimo riesgo y la creatividad contable a la hora de hacer el balance de ganancias y pérdidas.

El Bank of America, por ejemplo, anunció ganancias de más de 4 mil millones de dólares en mayo a pesar de que al mismo tiempo registraba pérdidas crediticias de más de 13 mil millones. En la “prueba de resistencia” de los bancos estadounidenses antes mencionada, el Bank Of America encabeza el pelotón de los que necesitan financiamiento para sobrevivir en caso de que haya un mayor deterioro económico.

¿En qué estado real se encuentran las cuentas de los bancos? ¿Cómo evitar una repetición de lo ocurrido?

Nadie lo sabe.

En la cumbre del G20 el 2 de abril en Londres se habló de una regulación más firme del sector financiero: falta mucho para que esto se convierte en realidad.

3) Desempleo masivo: el impacto de la crisis todavía no se ha sentido del todo.

A principios de mayo la Comisión Europea estimó que de acá a fines del 2010 unas 8 millones y medio de personas perderán su empleo.

A nivel mundial la Organización Internacional del Trabajo calcula que en diciembre habrá unos 230 millones de desempleados, 50 millones más que el año pasado.

Poniendo a un lado el impacto político, social e individual de estas cifras, está claro que el desempleo produce un doble agujero económico.

Por un lado, a menor empleo, menor tributación en momentos en que las arcas fiscales de muchos estados hacen agua por los distintos rescates del sector financiero y los paquetes de estímulo económico.

Pero además, a menor empleo, menor consumo, no sólo por el impacto directo, sino por el indirecto, es decir, por el temor a la pérdida del puesto de trabajo que lleva a los que han conservado su trabajo a ahorrar más para hacer frente a un futuro incierto.

Esto produce la famosa paradoja que describió el economista más citado de toda esta crisis: John Maynard Keynes.

La conducta que tiene sentido a nivel individual -guarecerse en el ahorro ante un futuro imprevisible- es fatal a nivel colectivo: todo ese menor consumo termina produciendo bancarrotas que aumentan el desempleo y la misma inseguridad que se quería combatir con el ahorro.

4) Desequilibrios estructurales de la economía mundial.

Debajo del modelo económico hegemónico que siguió a la caída del muro de Berlín, hay una dinámica económica global insostenible.

Gracias al endeudamiento personal Estados Unidos pudo mantener su nivel de máximo consumidor global (un 30% de lo que consume el planeta) que sostuvo su crecimiento económico y alimentó el del mundo.

En 2008 la deuda del consumidor estadounidense rozó los 14 millones de millones de dolares, más que el PIB nacional.

Estados Unidos es el mayor deudor planetario: su déficit comercial es crónico.

Mientras tanto China respaldó sus exportaciones adquiriendo bonos estadounidenses (el 70 por ciento de las reservas chinas) que ayudaban a mantener la fiesta crediticia y consumidora de su principal importador.

Con la crisis todo esto ha cambiado.

La retracción de los consumidores estadounidenses ha impactado particularmente a las naciones exportadoras (Alemania, China, Japón), pero el efecto se ha hecho sentir en todo el planeta.

¿Cómo se puede poner nuevamente en movimiento una mecánica mundial de crecimiento que no dependa tan profundamente del endeudamiento privado estadounidense y su deficit comercial?

A principios de mayo el presidente del Banco de Desarrollo Asiático Haruhiko Kurodadio indicó que los gobiernos regionales debían concentrarse menos en las exportaciones y más en el mercado doméstico para salir de la crisis: la reducción de la pobreza (unas 60 millones de personas viven en estado de extrema pobreza en Asia) debía ser una prioridad para elevar el consumo interno y reactivar la economía.

No es la vía que se ha seguido en los últimos años: habrá que ver si hay alternativas.

5 – Los imprevisibles

La economía actual es como un gigante haciendo equilibrio en una cuerda muy finita: un soplido puede derrumbarlo.

En medio de esta crisis ¿quién podía predecir la gripe porcina?

El temor a una pandemia tuvo un impacto directo en el turismo con una caída de los valores bursátiles de la líneas aéreas y cadenas hoteleras de una actividad que, según el cálculo de la Organización Mundial del Turismo representa el 9,4% del PIB mundial.

Si entonces a todo lo apuntado antes, le añadimos este imponderable, impredecible factor “X” (epidemias, desastres naturales, ocultas bombas económico-financieras) se ven los límites que tiene todo vaticinio optimista.

Fuente: BBC Mundo

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