Crecimiento débil, ¿crisis superada?

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Han pasado cuatro años desde el estallido de la crisis mundial, sin embargo, los indicadores de crecimiento de los principales países del mundo en materia económica aún no avizoran un despegue. Razones para el crecimiento ralo sobran. Hay quienes dicen que al reducirse la tasa de natalidad en los países más industrializados, existe una menor cantidad de mano de obra, y que por tanto, la capacidad de producción de dicho país se ve mermada. Sin embargo, esta hipótesis parece caer por su nula objetividad científica. ¿Qué pasa, entonces?

Una tesis más interesante es la que nos proponen el empresario tecnológico Peter Thiel y el economista Robert Gordon. Ellos asumen que gran parte del importante crecimiento que experimentaron los países potencia en el siglo XX se debió a los importantes avances científicos y tecnológicos que revolucionaron la industria moderna. Sin embargo, ambos aseguran que esta misma calidad de innovaciones científicas no se está produciendo hoy en día (ni siquiera por el caso del Internet). Entonces, al no producirse mayores cambios en el sector industrial, la producción no se incrementará naturalmente.

Otras voces importantes resultan las del ex secretario del Tesoro Norteamericano, Lawrence Summers, y la economista Carmen Reinhart. Para ellos, el punto de quiebre ha sido una cultura negativa de los gobiernos de estos países hacia la renovación de la infraestructura. Aseveran que mucha de la infraestructura de estos países ya resulta vetusta, y que por tanto, es vital establecer nuevas redes de conexión vial, industrial, etc. Esto no solo haría que el dinero comience a circular, sino que también ayudaría en la reducción del desempleo y el aumento de la demanda interna.

Pero, ¿cómo sería posible que estos países con crecimiento tan bajo comiencen a reinvertir en infraestructura? Lo que proponen es lo siguiente: no solo el Estado debe invertir, sino también deben hacerlo las corporaciones privadas, que aún permanecen con dólares o euros frescos para invertir. ¿Su motivación? Incrementar la producción en general de toda su nación conllevará a mejoras para sus propias empresas.

Con un trimestre que registra cifras de crecimiento en Estados Unidos de 2.8% y en Europa de 0.1%, hay muchas razones para preocuparse. No es extraño, por tanto, que el retorno de muchos compatriotas se haya acentuado durante el último lustro. ¿Comienzan a perder mano de obra? Ese es otro de los motivos que empiezan a alertar a los países más industrializados del mundo.

Vía: Project Syndicate

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