Esta es la escuela china donde sus alumnos estudian 11.30 horas al día

Sus alumnos obtuvieron los mejores resultados del mundo en el Informe PISA en sus tres categorías: matemáticas, lectura y ciencias.

Ubicado en la zona de Pudong, al este de Shanghai, se encuentra una escuela que ha llamado la atención de los docentes de todo el mundo: el Shanghai Jincai High School, una escuela pública que lideró las pruebas del informe PISA de educación.

Se trata de una evaluación que se realiza cada año a medio millón de estudiantes de 65 países para ver los mejores resultados en sus tres categorías: matemáticas, lectura y ciencias. Precisamente, hasta el 2012 en que participaba, el Instituto Jincai lideró esta prueba. Hoy, algunas zonas de China, participan para el informe PISA, como Hong Kong y Macao.

Lo cierto es que las evaluaciones del 2016, aplicadas por la Organización de Cooperación Económica y Desarrollo (OECD, por sus siglas en inglés) ubican a Shanghai en los primeros lugares de matemáticas, lectura y ciencia, en una tabla global de países y sistemas escolares regionales.

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Fundado en 1996 por las donaciones del hijo de Ye Jincai, un rico empresario de la provincia de Jiangsu que emigró a Taiwán durante la Guerra Civil (1945-49), este instituto público es uno de los diez primeros en las notas del «gaokao», la Selectividad china que determina el acceso a la Universidad.

En un país tan masificado como este, su importancia es tal que marca la vida de los estudiantes, presionados por unos padres obsesionados con que sus hijos estudien una carrera que les ayude a encontrar un buen trabajo. Junto a otros 28 «centros clave», el Instituto Jincai ha sido elegido por su excelencia entre las 300 escuelas superiores de Shanghái por el Gobierno local, que le dedica una atención especial en sus presupuestos, como se ve en sus modernas instalaciones.

Máquinas de estudiar

La vida de los escolares chinos en este instituto parece más propia de un cuartel, ya que los alumnos estudian desde las 8:00 de la mañana hasta las 9:30 de la noche y donde el interno se levanta de lunes a viernes a las 6:30 de la mañana.

Con edades comprendidas entre 16 y 18 años, los alumnos de esta escuela estudian nueve asignaturas: matemáticas, física y química, literatura, inglés, geografía, historia, biología, política y tecnología, más otras materias optativas como dibujo, música o ajedrez.

A las 8 empiezan las cinco clases de la mañana, que duran 40 minutos y se compaginan con media de hora de ejercicios físicos en los que participan los 1.500 alumnos del instituto en el césped del local o en el gimnasio.

A partir de las 12:15, tienen 45 minutos para almorzar en el comedor y luego media hora de descanso antes de retomar las tres clases de la tarde hasta las 4:00, que vuelven a intercalar con otra sesión de deporte de 25 minutos y unos ejercicios de relajación en los que se masajean las sienes para evitar la fatiga en los ojos.

A las 4:10 de la tarde acaban las clases, pero eso no significa que los alumnos terminen el estudio ni abandonen el aula, ya que hasta las 5 se imparte alguna asignatura optativa.

La cena se sirve a las 5 de la tarde y, una vez terminada, los escolares vuelven al aula a las 6 para ver el telediario vespertino de la televisión estatal CCTV, auténtico lavado de cerebro de la propaganda del régimen.

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Tras recibir durante una hora su dosis diaria de ideología comunista “con características chinas”, permanecen en el aula estudiando hasta las 9:30 de la noche. En ese momento regresan a los dormitorios y tienen media hora para ducharse antes de que se apaguen las luces a las 10.

Para impedir que los escolares charlen o jueguen hasta altas horas de la madrugada, un vigilante recorre las habitaciones. Los fines de semana regresan a casa con sus padres. Sin embargo, la mayoría de los estudiantes chinos, internos o no, tienen los sábados y domingos repletos de clases privadas de refuerzo.

Los fines de semana regresa a casa con sus padres y aprovecha para «dormir más y acumular horas de sueño para la semana», pero también debe hacer tareas. Además, la mayoría de los estudiantes chinos, internos o no, tienen los sábados y domingos repletos de clases privadas de refuerzo.

Educación china, ser los mejores

Y como lo señala Tian Hong, una profesora de matemáticas, “la educación se toma aquí más en serio que en Occidente porque hay tanta gente en China que la competencia para conseguir un trabajo es muy dura”.

Con 31 años de experiencia, asegura que la enseñanza china ha pasado de basarse sobre todo en la memorización a buscar más la motivación y participación del alumno, al menos en Shanghái, que desde hace dos décadas controla su propio sistema educativo y tiene unos libros de texto distintos a los del resto del país.

Lo cierto es que en China, el que no compite desde la infancia no se asegura el éxito. Desde los 5 años, los niños entran al colegio con un solo objetivo: ser el o la mejor. Tienen que llegar algún día a buenas universidades, que les aseguren un buen trabajo, que les permita ganar mejor que varios millones de compatriotas. A fin de cuentas, van a salir a pelear un trabajo con casi la mitad del mundo, literalmente.

En las áreas urbanas, la competitividad a nivel escolar alcanza niveles inimaginables, y la presión que reciben los niños por parte de padres y profesores es enorme. De hecho, un tercio de los estudiantes chinos de nivel primario sufre de stress, según un estudio del University College London hecho sobre niños de 9 a 12 años.

A ello agrega Hong, “la educación china es más estricta que en Estados Unidos y Europa y dond ela clave del éxito chino es que los profesores tienen e imponen mucha disciplina y trabajan en grupo para preparar las materias. Además, estamos mejorando nuestro método para darle más importancia a la individualidad siguiendo los consejos de colegios americanos y europeos, que también quieren aprender de nosotros porque su enseñanza allí es más relajada“.

Vía: abc.es

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