La citadina ley de la selva: viviendo en la ciudad moderna

india

Rajeev Chandrasekhar, miembro independiente de la Rajya Sabha –la cámara alta del Parlamento indio- inicia su artículo del siguiente modo: “La mitad de la humanidad -3.500 millones de personas- viven en zonas urbanas. Esta cantidad, con todo lo que Chandrasekhar recuenta, impondrá un carácter distinto a la vida de la ciudad.

Las ciudades, en estos tiempos de crisis, son los motores del crecimiento. Ciudades de Brasil, China, India y otros países emergentes ofrecen la mano de obra indispensable para que sus respectivos países estén muy bien posicionados en cuanto a economía. El éxito de Bangalore, la ciudad de este diputado indio, es uno de los tantos puntos donde diversas compañías transan sus actividades. Wikipedia la califica como el “Silicon Valley de la India” debido a que aquí se desarrolla mucho la industria informativa. Bangalore, Nueva Delhi, Mumbai y Chennai son las ciudades, por cierto, que más han crecido en las últimas décadas en la India. Un último dato sobre las junglas de cemento del país del Mahatma: la India alberga siete de las ciudades más densamente pobladas del mundo.

El crecimiento económico de tales ciudades, las cuales han creado empleos en su mayoría, no se condice con la calidad de vida de sus habitantes. Incluso, Chandrasekhar habla de un franco deterioro. La planificación urbana es prácticamente inexistente y los servicios de agua y electricidad son mermados en su ciudad natal y las autoridades poco o nada hacen gracias a la corrupción infranqueable o a las malas gestiones públicas. Sin embargo, los gobiernos en su constante búsqueda por obtener mayor producción alientan la rápida urbanización de las ciudades. Ya no importa tanto la calidad de vida de los citadinos.

Suscríbete a nuestro boletín informativo


La frustración y el enojo son el pan de cada día entre los habitantes de estas ciudades irreconciliables con el buen vivir. Los atolladeros del tráfico, la contaminación ambiental y sonora, las tugurizaciones, entre otros tantos están formando una gruesa capa de indignados. Los foros de internet y redes sociales revelan el caldeado estado de ánimo de los habitantes de Bangalore.

trafico

Lo mismo sucede en ciudades chinas, donde se han podido apreciar crecientes huelgas en las industrias automotrices a la vez que inmolaciones que buscan expresar el descontento de las nuevas generaciones ante la actitud del gobierno hacia la sociedad. Un camino más pacífico es el que siguen algunos de sus hombres de la clase media. Ellos proponen desurbanizar las ciudades e irse a vivir a los campos apacibles del país, sumamente cansados del ritmo atosigante de las ciudades chinas. En cualquiera de los casos, es innegable que hay mucho por hacer para aliviar el enojo de sus sociedades.

Esta contradicción entre crecimiento económico y depresiva calidad de vida la podemos definir en una estadística del parlamentario indio: “La cantidad de personas que viven en villas miserias se ha duplicado en los últimos diez años, y hoy es mayor que la población de Reino Unido”.

En el plano nacional la cosa no es tan distinta. Sabido por todos es la falta de planificación en viviendas lo cual desordena más aún nuestra complicada ciudad. Ni qué decir de provincias. Actualmente, en el Centro Histórico, con 170 mil residentes, el 50% vive en condiciones de pobreza. Las periferias de Palacio no sienten todavía el milagro peruano. Omar Ruíz de Somocurcio, arquitecto y urbanista, cree que con una entidad multisectorial las cosas podrían cambiar para bien- por lo menos para el Centro Histórico-. Ruíz de Somocurcio es crítico de las gestiones de Andrade, Castañeda y Villarán pues ellos no están llevando un plan concertado. Ya lo dice el periodista Javier Lizarzaburu en su blog “Ciudad Milenaria” cuando cuestiona que lo que debe fomentarse es una ciudad del tipo bien vivir, una que tenga un enfoque de desarrollo integral humano.

condiciones de vida

Como se ve, la globalización ha arreciado con fuerza y no solamente ha traído los beneficios que se mencionan desde instancias oficiales, sino también esta red de falta de servicios básicos. La última palabra parece no tener interlocutor en este complicado  tema.

Vías: Intereconomía, Portafolio Económico, El Comercio

Artículos Relacionados

comments