La economía mundial y el cambio climático

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Las discusiones sobre el control del cambio climático parecen siempre rondar acerca de la reducción de la contaminación a favor de las futuras generaciones. Sin embargo, un aspecto poco tratado es el impacto económico que sugiere establecer una política global contra el cambio climático. Por supuesto, si asumimos que parte del aumento de la temperatura a nivel mundial se debe al uso y abuso de la naturaleza por parte de la mano humana. Lo cual aún no logra ser entendido por algunos países.

Miremos el cambio climático en cifras: evitar un aumento de 2°C equivaldría a reducir el 1.5% de la producción mundial. Y si tenemos en cuenta que, haciendo un promedio general del crecimiento económico global, este rondaría el 3%, hablamos entonces que necesitamos reducir el rango de crecimiento a la mitad. Reto que para muchos resulta casi imposible de vislumbrar.

Solo China y Estados Unidos representan casi el 40% de las emisiones globales de carbono, elemento responsable del cambio climático. Por tanto, resulta inevitable que ambos países se sumen a la cruzada por un medio ambiente saludable. ¿Qué sucede con los demás países, debemos quedarnos con los brazos cruzados? Por supuesto que no. Todo esfuerzo vale, y las políticas de cada país deben apuntar a la reducción de la emisión de partículas de carbono en la fase productiva industrial.

Lamentablemente, el mundo de energías alternativas sigue siendo una utopía. Sobre todo, a nivel económico. La utilización de energía solar, eólica, acuífera, siguen siendo poco utilizadas, debido a que los procesos requieren de una alta inversión, que pocas empresas y países están dispuestos a solventar. Es así que todavía perdura la utilización de energías con residuos altamente contaminantes.

La tarea está puesta sobre la mesa. ¿Seremos capaces de retroceder un paso para hacer que las futuras generaciones puedan subsistir en un medio ambiente agradable? Recordemos que la atmósfera es un bien público global, y por lo tanto, emitir altas concentraciones de carbono en Noruega vale tanto como hacerlo en nuestro país. El medio ambiente es democrático. No le interesa de dónde procede el error, el impacto es igual para todos.

Vía: “Financial Times”

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